De un plumazo ayer el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas borró de la lista de los poblanos reconocidos como uno de los 300 líderes más influyentes de México, que cada año realiza la revista Líderes, a uno de los miembros de la comunidad cultural y diplomática de estatura universal... y de origen poblano.
No debería sorprendernos la postura arrogante y sobradamente ignorante de los integrantes de un gabinete plagado de oportunistas, desconocer a los miembros notables del ámbito cultural, merced de la vocación frívola que privilegia el espectáculo, la farándula y el artificio de la socialité.          
En la selecta lista de personalidades de la publicación que cada año convoca a los presidentes de la República en turno, a los líderes políticos, de la sociedad, los medios y la empresa apareció a sus 81 años de edad, Sergio Pitol Demeneghi, un hombre que ha merecido los galardones más importantes de la cultura.    
En cambio, la administración local en Puebla decidió enviar un comunicado de prensa como un logro que Moreno Valle permanezca por cuarto año consecutivo en esa lista de gente notable como mérito personal, y no como consecuencia del usufructo del dinero público con el criterio patrimonialista que tanto conocemos. "El gobernador Rafael Moreno Valle se encuentra, por cuarto año consecutivo, como uno de los ´300 Líderes más influyentes de México´ en la categoría de Poder Ejecutivo por su trabajo exitoso e impulso al crecimiento del Estado de Puebla", dice esta impronta de la recurrente megalomanía institucional.
El poblano que el gobierno estatal decidió eliminar de la historia efímera de su cultura del boletín mereció en 1993 el Premio Nacional de las Artes en la rama Lingüística y literatura; en 2003 recibió el Doctorado Honoris Causa por la Universidad Veracruzana y en 2005 el premio Miguel de Cervantes, en España. 
Su obra narrativa lo ha llevado a ser nombrado en diversas ocasiones como candidato al premio Novel de Literatura, aunque los reconocimientos que ha merecido son suficientes para ser referente en el mundo de las letras, la diplomacia y la política en América Latina y Europa. 
Recurrente lector de la historia de la Guerra del Peloponeso de Tarcícides, Pitol ha sido un escritor erudito y selecto cuya obra está dedicada al lector de grandes obras, lo que lo mantuvo alejado de las grandes audiencias, como en cambio sucedió con amigos personales propios: Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Milán Kundera.      
Conviene destacar sin embargo la facilidad para la comprensión de un lector promedio como este reportero de El tañido de una flauta (1986); Domar a la divina Garza (1988) y El arte de la fuga (1997).     
La dimensión de este escritor reconocido en grandes círculos literarios se puede expresar de otras formas. Suficiente es echar un vistazo al apartado que el Instituto Cervantes, en España, tiene para este poblano que la víspera fue ignorado por un gobernador que ratifica como nunca su vocación ostensible: la megalomanía.
La comunicación oficial también obvió de esa lista selecta a otros poblanos como los senadores del PAN, Javier Lozano Alarcón, y el presidente del Senado, el perredista Luis Miguel Barbosa, pero esa es un condición distinta, en tanto integrantes activos de las cúpulas de sus respectivos partidos políticos.  
Lejos del mundillo de la grilla palaciega, la arrogancia que brota fácil en la agenda pública del día a día y de la ignorancia evidente, Pitol el poblano que tiene su domicilio particular en una callejuela tradicional de los barrios viejos de Xalapa la capital de Veracruz, Pino Suárez, es ajeno al ninguneo que el gobierno efímero le propinó. 
Cada quien tendrá un lugar en la historia.