“Ahora trabajaré solamente para la ciudadanía, que es la que paga sus impuestos para que usted y yo cobremos. Dejaré de reprimir los movimientos, las marchas y las manifestaciones que están en contra de usted y que tanto lo irritan”, dice una extensa carta que circula entre policías de tropa de la Secretaría de Seguridad Pública del estado, dirigida a Rafael Moreno Valle, el gobernador que incomoda hasta a su propio partido.
Y añade que “de ahora en adelante, cada que asista a esos eventos públicos llenos de gente comprada en donde le aplauden, dejaré que la gente inconforme se acerque a usted a decirle lo que piensa. Le seré leal a la ciudadanía y ya no más a usted”.
Y es que desde que estallaron conflictos como el de Tehuacán o Chalchihuapan, en donde la represión policiaca contra manifestantes que demandaban diálogo y devolución de las oficinas de Registro Civil a sus juntas auxiliares, el hilo más delgado de ambos episodios ha sido la actuación de los elementos uniformados.
Y se trata de una movilización discreta pero eficaz en contra de los mandos superiores incorporados de la extinta Policía Federal de Genaro García Luna, el policía del panista Felipe Calderón y que encontraron acomodo en Puebla cuando nadie en el país quería contratarlos.
“En esta administración he tenido que soportar la vergüenza de que la gente me vea en la calle y piense que soy descuidado en mi persona y mi imagen porque visto un uniforme que tiene más de tres años y que por más que me intente teñir ya no se fije el color y se encoje cada vez más”.
Son 52 mil caracteres escritos en una prosa limpia, sin atropellos ni faltas de ortografía, que corren a través de los medios electrónicos que este movimiento posee para transmitir información y orientación de lo que llaman abusos en la institución que preside Facundo Rosas, el policía que la CNDH encontró culpable de la muerte del niño de 13 años José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo.
La diatriba del texto de marras cobra sentido a la luz de los hechos documentados por la prensa en las últimas semanas y que evidencia una política de acoso, persecución y amenazas contra elementos de las corporaciones en el estado.
Apenas esta fin de semana un elemento de la policía vial estatal, de nombre José Manuel Ramírez Ramírez, decidió suicidarse en Teziutlán después de que fue enviado desde San Martín Texmelucan, lugar en donde reside su familia. Las penurias económicas y la soledad motivaron a este hombre de más de 50 años a terminar con su vida.  
Las condiciones difíciles impuestas por los mandos que operan bajo las órdenes de Rosas Rosas obligaron por ejemplo que un niño de 14 años de edad protagonizara a las puertas de Casa Aguayo el 30 de abril, curiosamente Día del Niño, una singular manifestación: pedía regresaran de Zacapoaxtla a Puebla a Lucía Felicitas García Hernández, custodio y mamá soltera. 
Lleno de lágrimas, el pequeño dijo que su madre tenía que dormir en la vía pública para ahorrar y poder mantener su casa en la capital a unos 140 kilómetros de distancia del nuevo centro de trabajo por un capricho de los mandos de Facundo Rosas. Nadie la abrió la puerta al pequeño Gerson en Casa Aguayo, la sede del gobierno.
“Señor Gobernador Rafael Moreno Valle: el motivo de escribirle esto es para manifestarle mi descontento y la decepción que me he llevado en su gobierno. Soy orgullosamente Policía Estatal desde hace más de 15 años y he visto pasar varias administraciones pero ninguna tan mentirosa, nefasta, deprimente y autoritaria como esta que usted encabeza”, dice el texto que circula entre la tropa.
La parte del final es contundente: “No arriesgaré más mi vida para que usted se luzca en ruedas de prensa y entrevistas diciendo que su gobierno es tan bueno que ha hecho que Puebla se mantenga como un estado seguro. Ya no le ayudaré más a engañar a la gente”.
El germen del enojo y la repulsa social anida dentro de este gobierno que no encuentra el equilibrio ni la confianza ciudadana. Es obvio que el bono democrático para el inquilino de Casa Puebla se agotó.