La historia de la empresa Concesiones Integrales no sólo se puede escribir a partir del cúmulo de inconformidades generadas por el crecimiento inmoderado de las cuotas por el pago del servicio de agua en los domicilios en la zona metropolitana de Puebla, una de las de mayor densidad poblacional del país.
La otra cara también tiene un aspecto de desagrado, plagado de inconformidades y frustración entre usuarios por el nivel de ineficiencia e inconsistencias que muestra la prestación del servicio habitual en distintos desarrollos habitacionales de la metrópolis. 
Y si una de las argumentaciones del gobierno del estado para desmantelar lo que conocimos por años como el Sistema Operador de Agua Potable y Alcantarillado de Puebla (SOAPAP), una empresa paraestatal que medianamente cumplió sus funciones, había sido el ahorro de líquido para la dotación domiciliaria, la realidad es completamente distinta.
La historia no tiene desperdicio porque no sólo evidencia la falta de capacidad de respuesta pronta ante un reclamo legítimo de los usuarios, sino de la conducta arrogante de sus ejecutivos a la sensación de frustración de las demandas legítimas de atención con calidad y rapidez. 
De ello existe constancia en los registros de Concesiones Integrales, como a continuación se describe. El día dos de septiembre el residente de una de las zonas de desarrollo poblacional de mayor dinamismo, como es Lomas de Angelópolis contactó con la empresa concesionaria, traída por el gobierno modernizador de Puebla.
Fue el área de "quejas y fugas" la que atendió el reporte por el derrame de agua que por miles de litros iba a parar a las alcantarillas del clúster. El agotamiento de las tuberías con las que la empresa pretende prestar el servicio termina por colapsar para dar como resultado la fuga sin freno del líquido.
El número del reporte quedó asentado con el número 185679 ese 2 de septiembre. Y nadie apareció para poner un remedio al desperdicio de lo que eufemísticamente llamamos en el argot periodístico como "el vital líquido". El agua siguió cayendo literalmente, al drenaje sin la respuesta esperada.
Al día siguiente el quejoso volvió a buscar un remedio en la oficina de la mítica empresa a la que se le entregó la concesión de nuestro sistema de dotación. Y luego el cuatro, el cinco y así... Hasta pasadas las fiestas patrias. 
Cansado de insistir y sin mucho ánimo de encontrar la respuesta buscada a la petición de una cuadrilla de Concesiones Integrales para remediar el daño, dijo a quien se identificó como la jefa del Departamento de Quejas y Fugas, la licenciada Jennifer Ramos, si la empresa no tenía temor de que ese tipo de servicio tan deficiente llegara a los medios de comunicación.
La ejecutiva de la empresa levantó los hombros, desvió la mirada y lo invitó a que fuera a quejarse con los medios, si eso lo dejaba tranquilo. El agua a la que por costumbre llamamos potable siguió recorriendo el adoquín de la zona residencial sin la mayor consideración de la empresa que se supone, aprovecharía al máximo ese recurso insustituible para la vida humana. 
Y entonces los habitantes del fraccionamiento concluyeron que el espíritu modernizador de la febril administración de Rafael Moreno Valle, también se había ido al caño junto con los cientos de miles de litros de agua que nadie aprovechó.