El cinismo morenovallista no tiene límites. Ayer se registró la peor desvergüenza de los cuatro años que lleva el señor de los cerros.
Resulta que presumió distribuidor vial de la 31 Poniente y bulevar Atlixco, la pintó de azul, colocó los logotipos del gobierno del estado e iluminó con las letras M y V, de Moreno Valle, cuando no puso ni un peso para su construcción. Los recursos fueron 100 por ciento federales.
Es cierto, los morenovallistas presentaron el proyecto; posteriormente, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes lo avaló y aportó los recursos, pero al final el evento de inauguración sólo sirvió para el lucimiento personal del Señor de los Cerros.
Aunado a esto, en la flamante obra hay varios detalles ya característicos del actual sexenio, tal parece que este capricho continuará hasta el final de la administración estatal.
Veamos. 
En primer lugar, resalta el color azul —sí, es del mismo tono de Acción Nacional—, el cual está presente a lo largo del viaducto. Además, un sello ya característico en los puentes es colocar los tirantes en forma que asemejen a las iníciales de los apellidos del mandatario. Como lo lee, si usted circula por la zona, logrará distinguir las letras M y V.
Ante toda esta frivolidad, llama la atención cómo en cada una de estas obras se resalta la complicidad de los funcionarios del Gobierno Federal, quienes se convierten en comparsas y celebran al Señor de las Balas.
El mejor ejemplo lo vimos este miércoles, cuando Raúl Murrieta Cummings, subsecretario de Infraestructura, de la SCT, se convirtió en el mejor aliado del aspirante panista a Los Pinos.
Su discurso, lejos de apuntalar al gobierno de Peña Nieto, sirvió para darle un espaldarazo al actual gobernador. Cummings entonó una loa al morenovallismo. 
Al parecer, el Señor de las Balas sabe cómo engatusar a los funcionarios federales, quienes se convierten en sus alfiles.
 
El PAN ensucia su elección interna
Hace no más de cinco años, el Partido Acción Nacional presumía de la transparencia, invitaba a los medios al registro de sus candidatos, las llamadas eran personales, no importaba si era para designar a un solo regidor; había sesiones a puerta cerrada, pero al final la información fluía sin mayor complicación.
Para desgracia del panismo, el morenovallismo se apoderó del blanquiazul y, con ello, llegó la cerrazón, la opacidad y el menosprecio a informar sobre sus elecciones internas.
En el proceso de registro de aspirantes de Acción Nacional no se conoce el número, ya que los morenovallistas Blanca Jiménez Castillo, Jesús Giles e Israel Mancilla, representantes de la Comisión Nacional de Elecciones, decidieron ocultar toda la información respecto a quiénes y cuándo se anotaron, así de pronto podrán decir que Roberto Moya fue a registrarse, u algún otro personaje, ya que nadie los podrá contradecir, ahora ellos podrán manipular los documentos.
No cabe duda, Acción Nacional vive un negro proceso de elección interna, como en los peores tiempos, donde la opacidad y el dedazo eran los reyes.