La sesión extraordinaria del Congreso local evidenció que los diputados locales están más preocupados por la forma política, que el fondo.
La trivialidad legislativa es cada vez se hace más latente.
Ayer, en  las pantallas del pleno legislativo ya no apareció la imagen tradicional, republicana, austera y monocromática del escudo del estado de Puebla reemplazada por la anónima autoría de la ideología estatal.
En las pantallas que le costaron al erario público unos 2 millones de pesos —incluido software y hardware táctil en las curules—, los legisladores ni se ruborizaron por el cambio de identidad gráfica, que el propio presidente del Congreso Local, Carlos Martínez Amador, dijo desconocer la autoría. 
A pesar de que el congreso local estrenó su iconografía morenovallista —multicolor alusión a la coalición partidista que condujo en el 2010 al triunfo a Rafael Moreno Valle— en el pleno del Congreso Local la monotonía legislativa marcada por la homogeneidad, la ausencia de discusión de los asuntos públicos y marcado por la retórica del autoelogio.
Con el apresuramiento declarativo que proporciona el futurismo electoral, el expartidazo se sumó por ausencia, al beneplácito de las bancadas por la transformación de la identidad gráfica del Congreso Local.
Y en este recuento de ausencias, el presidente de la junta de Gobierno, el perredista, Carlos Martínez Amador, hizo una apología de la “renovación” de la imagen del Congreso Local pero la desmemoria hizo presa del legislador local ya que dijo no recordar quien propuso los cambios de la identidad gráfica del Congreso Local.
Aunque el cambio de la imagen del Congreso Local parecería una discusión menor y hasta insulsa el hecho de que se mimetice la identidad gráfica del órgano legislativo con la de la coalición gobiernista estatal parece representar el reconocimiento tácito de la sumisión del poder legislativo a los criterios del poder ejecutivo.
Lo cual, además, ha sido asentado tanto por especialistas en el rubro de la democracia representativa como de organizaciones académicas como el Centro de Estudios Espinosa Yglesias que dirige el prestigiado economista, Enrique Cárdenas.
En el mismo orden de ideas, los diputados aliancistas ni se inmutaron por la calificación de 4.2 que el centro Espinoza le dio al tercer año de la pasada legislatura. El propio Centro Espinosa Yglesias ya advirtió la ignorancia y la falta de receptividad a las críticas realizadas por el mismo.
Pero en el trasfondo político de la sesión extraordinaria también sirvió para contemplar la disputa preelectoral entre el exalcalde de san Martín Texmelucan, Noé Hernández Peñaloza, quien buscar ser candidato a diputado federal por el partido Movimiento Ciudadano y el grupo en el poder no lo ve con buenos ojos.