Hay ausencias que difícilmente se pueden soslayar. En el Partido Acción Nacional por ejemplo, las figuras de los esenciales en la lucha electoral que libra a otras fuerzas con su división a cuestas.
El coordinador de la bancada en San Lázaro, Ricardo Anaya, que preside mítines en distintos puntos de la geografía poblana sin los liderazgos históricos refrenda esa condición, la balcanización de un partido en corrientes diversas con intereses antagónicos.
No sólo no estuvo el dirigente estatal Rafael Micalco, a quien se le debió observar al lado de quien hizo de suplente en el CEN panista cuando Gustavo Madero, debió ausentarse para ser elegible candidato a diputado por la vía plurinominal.
Cuidadoso de las formas, en esta ocasión Anaya terminó por validar las majaderías de Rafael Moreno Valle a Rafael Micalco Méndez, el jefe real de la marca panista en Puebla, que vive los tiempos del regreso de la Siberia socialista desde la oficina de Bugambilias.
“Las tendencias tecnócratas no deben doblegar el idealismo que resguarda la motivación fundacional del PAN, el único partido que hoy define claramente su corriente ideológica y que no varía ante intereses personales o de grupo, coyuntura electoral o presiones internas o externas”, escribió en su más reciente artículo Rafael Micalco.
No solo la ausencia del panista fue notoria, como la de Ana Teresa Aranda o Eduardo Rivera y otros históricos de los tiempos de la lucha del panismo contra del autoritarismo, claramente reeditado en sus propias entrañas.
Nadie ahora podría sugerir la presencia en Puebla de Felipe Calderón, el expresidente o su esposa, Margarita Zavala para apoyar o impulsar a los candidatos del gobernador en el territorio, como en cambio ha sucedido en otros estados del país.
La divisa en el PAN de los últimos días es la división. Será difícil que después de la elección del domingo 7 haya una recomposición de las relaciones de las corrientes panistas, sino al contrario.
El recrudecimiento de la guerra civil vivirá una nueva etapa con el inicio de la carrera interna patita por la candidatura presidencial. Sólo uno de quienes han levantado la mano podrán llegar a este viaje anticipado para el que el boleto no tiene retorno.

En el sótano...

Es cirujano dentista en el sistema estatal de Salud, pero cobra como directivo. Trabaja por contrato pero vive los privilegios de la burocracia de oro en el gobierno que ha puesto en la calle a unos 13 mil trabajadores. 
Está asignado a la clínica de la junta auxiliar de La Resurrección en la capital poblana. Su nombre es Héctor Javier Carrancá, es hermano del procurador de Justicia, Víctor Carrancá y entre sueldo y compensación cobra casi 25 mil pesos. La sangre también premia.