La muerte violenta de cualquier persona es siempre un mensaje del miedo. La incertidumbre hace de la gente su presa y ahí todos perdemos un poco de certidumbre por la naturaleza del emisario, oculto e inasible siempre a la espera de la cosecha propicia que no es otra que la maldad.
Con una diferencia de horas, el martes quedó inscrito en Puebla por la ejecución de dos personas en eventos aparentemente inconexos, pero seguidos uno de otro. No puede ser un buen presagio para la sociedad en general por que la sangre ahuyenta un bien del que carecen en otros estados como Michoacán, Tamaulipas, Guerrero o Jalisco.
La primera ejecución fue la del coordinador de la campaña del candidato a diputado federal del PRI por el distrito 2, Lorenzo Rivera Sosa de nombre José Salvador Méndez Morales, a quien ahora lloran en su casa, lamentablemente. 
La ejecución de este joven priista es un gesto imprudente como lo pudo haber sido el homicidio de cualquier otrapersona que militara en otro partido político. 
La muerte violenta en medio de una campaña política arroja saldos deficitarios para todos: competidores, árbitro y un testigo que no puede ser mudo ante la sangre derramada: elgobierno de Rafael Moreno Valle, ocupado como está en la autopromoción en otras entidades para ser precandidato presidencial.
La sospecha inunda el discurso político. En lugar del mensaje  que debiera ser ocupado por la propuesta de los candidatos,inunda la desconfianza y abre el paso a la diatriba, con razón o sin ella. 
Todos pierden. Los deudos por el dolor ante la pérdida irreparable, su partido que sigue su derrotero en la búsqueda del voto de aquí al siete de junio en medio de un clima de zozobra por el acoso del que han sido blanco de parte de los operadores del PAN de Moreno Valle, según acusó anoche en el programa ParabólicaTV.com la dirigente del PRI, Ana Isabel Allende Cano.
No sólo eso, anticipó un escenario indeseable en cualquier proceso democrático: la inhibición del electoral a la hora de la cita en las urnas dentro de unos diez días más.
Deficitariasin duda la administración estatal por haber alentado desde su cuarto de guerra una línea discursiva para sus candidatos a diputados federales que pondera un clima de seguridad que no es congruente con los acontecimientos de las últimas horas.
Es el caso de le ejecución de un narcomenudista de nombre Refugio Gallegos Valdivia alias “El Morado” en un ajuste de entre distribuidores de droga por la muerte hace años y medio año de un miembro de una banda rival de nombre, Fidel Ontiveros Hernández, según admitió la Procuraduría General de Justicia. 
Los ajustes de cuentas de entre bandas de distribuidores de drogas en plena capital como lo admite la PGJ no puede ser en modo alguno una buena señal. Al contrario, admite la autoridad la existencia de un problema no resuelto que comienza a cobrar vidas. 
Nadie gana con las ejecuciones de las últimas horas. Todos perdemos.