Entre el domingo y el lunes siete personas perdieron la vida en hechos violentos diversos en territorio poblano, pero que conducen al mismo punto: la muerte sin castigo. Casi todos caídos por impactos de bala hasta con utilizadas armas por la delincuencia organizada, R-15 y AK 47. 
Esa numeralia y las circunstancias en que dos mujeres y cinco hombres perdieron la vida no puede ser una señal alentadora para la sociedad toda que sabe que el peligro acecha en cualquier sitio. Las razones del miedo están más que nunca a la vista.
De acuerdo con reportes de prensa, el domingo a las 19:20 horas se registró la persecución y ejecución de Samuel Varillas Pérez de 16 años de edad y Margarita Jiménez Sánchez, de 48. 
El motivo habría sido la disputa por el control de combustible robado de ductos de Pemex en esa región, en donde a mediados de julio fueron detenidos dos exmandos policiacos de Puebla vinculados con bandas delictivas dedicadas a la ordeña clandestina de combustibles.  
Fueron perseguidos por un comando cuando las víctimas viajaban a bordo de una camioneta GMC en el municipio de Palmarito Tochapan, ubicado a unos 70 kilómetros de la capital. 
La muerte de la mujer y el muchacho desató más tarde dos enfrentamientos en la misma región que arrojó un saldo de tres personas heridas de 15, 18 y 19 años de edad, trasladados a hospitales de la región.  No hay detenidos.
Ese mismo día en el otro extremo del estado, en la mixteca se registró otro enfrentamiento a balazos que arrojó tres personas muertas. Fue en Santa María Xuchapa, en Izúcar de Matamoros en donde un “policía de ronda”, lo más parecido a un miembro de grupos de auto defensa o guardias comunitarias enfrentó la agresión de dos sujetos.   
Octavio Soriano García de 36 años y Darío Soriano García de 41, fueron dos ebrios de domingo que se dedicaron a echar balazos como en las películas de Pedro Infante y Jorge Negrete. 
El “policía de ronda” Bonifacio Peña acudió a tratar de poner orden cuando comenzó la agresión que terminaría con la vida de los beodos domingueros y el policía comunitario, “caído en cumplimiento del deber”. Tampoco hay detenidos.
Tierra caliente que hace vecindad con Oaxaca, Guerrero y Morelos, la mixteca es tierra de nadie también. Marisol Rosales Noriega una mujer de 30 años de edad que se dedicó a la venta de tortillas hechas a mano ya no vivirá para contarlo. Murió por impactos de bala. 
Mal herida su hermana Alma Rosa narró a la fiscalía de Izúcar de Matamoros que el atentado sucedió a las 6:00 de la mañana cuando se dirigían del municipio de Atencingo a la comunidad de Escape Lagunillas a vender su producto. Y no hay detenidos.
Acaso el suceso de sangre que más ilustra la condición de un pueblo que parece dispuesto al exterminio es el de San Nicolás Tolentino, una comunidad de Izúcar de Matamoros que de acuerdo con el sitio www.mexico.pueblosamerica.com, tuvo hasta antes del domingo 38 habitantes:13 hombres y 25 mujeres.
Uno de ellos ya no la contó. Fue encontrado en la calle principal del pueblo muerto, al amanecer el domingo. Tenía un corte brutal en la base del cráneo, a la altura de la nuca y un tajo en la oreja izquierda. Su nombre fue Uriel Reyes Ramos. Hoy San Nicolás Tolentino tendrá 37 habitantes. Y tampoco hay un solo detenido.
La ola de violencia sucedió en un domingo cualquiera.