Fiel al estilo tricolor, tras la decisión presidencial de entregarle el PRI nacional a Manlio Fabio Beltrones, se desató la bufalada en favor del sonorense.
Sin duda, Beltrones es hoy por hoy el único sobreviviente de las viejas formas del poder priista, con posibilidades de contender por la Presidencia de la República.
De Beltrones se pueden decir y contar cientos de historias, muchas que lo califican como el más hábil y docto de los políticos y otras que lo retratan como el más maquiavélico de todos.
En ese sentido, no dudo que ambas posiciones respecto a Manlio, —por más encontradas que parezcan— contengan la mismísima verdad.
Y es que el presidente Peña tenía de tres sopas: mandar a Beltrones a despachar a Bucareli y entregarle el manejo de la política interna del país: o entregarle las riendas del PRI para operar las gubernaturas del 2016 y recomponer la estructura de cara al 2018 en donde el de Sonora se jugaría su última carta para Los Pinos; y por último, mandarlo a su casa a cuidar nietos.
Mantener estas tres opciones, Peña optó por la intermedia. Sabía que darle Gobernación implicaba darle el bastón de mando de la nación; y no podía ser tan iluso como para pensar que de no darle nada, se iría a su casa a cuidar nietos, o a leer o a escribir su biografía.
De esta forma es como Beltrones será el mandamás tricolor, en el entendido de que hoy las decisiones políticas se tomarán entre Peña y Beltrones, sin pasar necesariamente por Osorio.
Quienes conocen a Manlio Fabio saben que es un político de gran oficio, al que no le tiembla la mano, con toda la habilidad para ganar posiciones y con la ventaja de ser el mejor operador electoral de los que hoy militan en el tricolor.
En resumen, es el clásico hombre de poder.
Y de ahí que su llegada al PRI retoma mayor importancia para los Estados en donde habrá elecciones en menos de un año.
Menos esa lógica, habrá muchos poblanos que presumirán su relación de amistad o de complicidad política con Beltrones.
Sin embargo, son muy pocos los que realmente tienen línea directa con el futuro líder del PRI.
Sin duda, de los viejos amigos que mantienen ese lazo, solo veo a Ricardo Henaine y a Melquiades Morales. De ambos me consta esa relación.
Otro caso es Fernando Morales, quien perdió parte de esa amistad de tiempo atrás y el resto cuando decidió dar el brinco del PRI al morenovallismo.
No me cabe la menor duda que si el hoy subsecretario de gobernación de RMV se hubiera mantenido firme en sus principios, hoy los tiempos políticos lo tendrían en una posición de privilegio; sin embargo, la quemazón de sus barcos le impedirán la reconciliación política con Beltrones. Digamos que son de las cosas que él no perdona.
En contraposición, quien sí mantiene cercanía, es el senador Ricardo Urzúa, quien podría crecer en sus encargos partidistas en tierras poblanas.
Por otra parte, alguien que seguramente será ratificada en su cargo, es la presidenta estatal Isabel Allende, quien fue impulsada para llegar al PRI por el propio Beltrones.
Seguramente los diputados federales salientes, presumirán su cercanía, pero nadie mejor que Manlio sabe quiénes cobraron facturas en Casa Puebla.
Probablemente solo se salven de esa quema la propia Isabel y Enrique Doger, aunque sin que ninguno de los legisladores poblanos pueda presumir de ser parte de la burbuja del futuro presidente tricolor.
De esta forma, difícilmente alguien de los aspirantes priistas a contender por Casa Puebla se pueden sentir seriamente beneficiados. Pero lo que sí les puedo decir, es que si alguien sale perjudicado en Puebla, ese es Rafael Moreno Valle.
Si alguien trae entre ceja, oreja y madre al Señor de los Cerros, ese es Beltrones.
Y si alguien cuenta con los amarres políticos y de partidos para desajustar los proyectos morenovallistas, ese es el futuro líder del PRI.
De eso, no tengan la menor duda.