La noche del primero de febrero de 2011, en el Salón de Gobernadores,Rafael Moreno tomó la protesta de ley los 17 secretarios que integraría su gabinete.
El suyo, dijo, será un gobierno plural, integrado por los mejores hombres y mujeres, independientemente de lo político, “porque nadie está por filiación partidista, sino por su eficiencia”.
Esas palabras se las llevó el viento y se quedaron en la promesa y en el discurso. En la práctica, los poblanos padecieron cuatro años y siete meses de inestabilidad en la gobernanza del estado.
Lo que parecería un equipo de funcionarios que impulsarían el desarrollo regional y sectorial del estado terminó, en un equipo parchado y con una constante curva de aprendizaje, en detrimento de la continuidad de las políticas públicas del morenovallismo.
Los constantes movimientos en el gabinete no obedecieron a evaluaciones de metas y objetivos trazados sino a los intereses políticos del poder ejecutivo.
Así de aquel grupo compacto de 17 funcionarios de primer nivel, preparados y seleccionados para demostrar lo que podría hacer el gobierno del cambio sólo que uno y ese es el procurador de justicia, de los demás utilizados para cubrir intereses políticos y mediáticos.
Las secretarías fueron utilizadas como trampolines a puestos de elección popular o enroques entre las mismas dependencias.
Al grado de que a sólo 17 meses de que concluya la presente administración lassecretarías General de Gobierno (SGG) y la de Educación Pública (SEP) serán dirigidas por un encargado de despacho.
El centralismo y verticalismo fue el estilo de gobernar del morenovallismo. Los secretarios carecieron de libertad para ejecutar el plan de desarrollo, las estrategias fueron diseñadas desde Casa Puebla y los secretarios sólo fueron simples operadores, obedientes a las órdenes del señor de los cerros. Desobedecer o contradecir las indicaciones representó la expulsión del paraíso morenovallista.
Ayer, el gobernador Moreno Valle anunció un parche más a su gabinete. Destaca la incorporación del exprocurador general de Justicia en el Distrito Federal, Jesús Rodríguez Almeida, como nuevo secretario de Seguridad Pública en Puebla. Que fue contratado a pesar de que en el distrito federal fue corrido.
También llama la atención la incorporación de dos exfucionarios: Salvador Escobedo Zoletto, como nuevo secretario de Salud y Roberto Moya Clemente, nombrado como jefe de la oficina de la gubernatura.
No qué el gabinete sería integrado por los mejores hombres y mujeres, “independientemente de lo político, porque nadie por filiación partidista, sino por su eficiencia”.
¿Qué tan eficientes fueron Salvador Escobedo Zoletto y Roberto Moya Clemente, cuando fungieron como secretarios de Desarrollo Social y de Finanzas, respectivamente?