Casi a la media noche sonó el teléfono celular. Bueno…, respondí para escuchar del otro lado casi de inmediato y en susurro: Ten cuidado… te pusieron cola, andan detrás de ti. El interlocutor describió autos y ofreció placas de circulación de un par de autos. Debía estar alerta ante cualquier intento de agresión, detención o lo que sucediera, me dijo esa voz. 
No eran días fáciles, corría mediados de febrero de este año. Esta columna había revelada la actuación deLauro de la Torre Panduro, jefe de escoltas del procurador Víctor Carrancá, en un intento de levantón en contra de un muchacho de nombre Christian Biffano.
No era la primera advertencia que llegaba desde algún lugar del gobierno de Rafael Moreno Valle, caracterizado por una posición abiertamente intolerante a la crítica y al escrutinio público. 
Nunca falta la llamada a cualquier hora, un mensaje a través de redes sociales con un inquietante ¿Estás bien? Así ha habido otras señales de advertencia, intimidatorias, en diversos tonos y de voces distintas. Los plomeros del sistema no descansan, me consta. 
Por eso hay la convicción de que la evidencia empírica sugiere tener cuidado con el que podría ser el más reciente expediente del ataque del poder en contra del ejercicio periodístico. 
Las detonaciones de arma de fuego a las afueras de la casa de la reportera de El Heraldo de Puebla, Alejandra Corona, no puede ser un asunto menor.
La nota del presunto atentado dio ayer la vuelta al país y más allá de las fronteras. Curioso que en Puebla los espacios informativos de mayor audiencia en radio y televisión hayan desatendido un acontecimiento que sin duda debieron conocer sus respectivas audiencias. 
Por fortuna, medios con una probada independencia editorial documentaron el acto intimidatorio en contra de la trabajadora de un medio que con su estilo, ha sido mordaz con un régimen al que se le distingue por su proclividad a coartar las libertades ciudadanas.
Al régimen en turno debiera comenzar a preocuparle la imagen deteriorada que tiene hacía afuera y dentro del territorio estatal. 
Aún está vigente la intentona aquélla de entablar denuncias en contra de una veintena de periodistas en activo por el delito de “daño moral” en contra de Moreno Valle que un rupestre y pendenciero jefe de comunicación divulgó a través de la pluma de Arturo Rueda, director del periódico Cambio, en octubre de 2012.  
La política de comunicación fincada en la cultura de la gacetilla y el boletín arroja magros resultados, cuando no repulsa o hilaridad. Eso deben saberlo los súper asesores que el precandidato presidencial Rafael Moreno Valle paga con dinero público. El despropósito es obvio.