El candidato morenovallista a la dirigencia nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortés, estará esta noche en Puebla, otrora bastión blanquiazul.
Anaya Cortés encontrará a un panismo dividido y con una derrota electoral a cuestas. En la pasada elección del 7 de  junio, el grupo hegemónico del PAN: el morenovallismo perdió tres de los cuatro distritos de la capital y en total nueve de los 16 distritos electorales que se disputaron.
Anaya Cortés hallará a un panismo donde el voto duro —el de la derecha poblana— no salió a votar porque fue excluido de las candidaturas federales.
También encontrará a un Comité Ejecutivo Estatal bajo fuego amigo. Y que el grupo hegemónico quiera fuera de de ese órgano de gobierno partidista a Rafael Micalco.
En este escenario, Anaya Cortés será apapachado por el morenovallismo con las viejas prácticas políticas que utiliza: acarreo de militantes y todo una estrategia de artimañas legales para llevarlo a triunfo, entre otras acciones, como lo denuncia Intolerancia Diario en su portada: credenciales apócrifas.
Así, hoy por la noche el morenovallismo estará a prueba para mostrar mediáticamente su fortaleza, cueste lo cueste.
Y el domingo próximo también llevará al triunfo a Anaya Cortes cueste lo que cuesta. El prestigio morenovallista no puede caer más.
Por lo sucedido el 7 de junio de 2015 repercutirá de manera indiscutible en las aspiraciones presidenciables del señor de los Cerros , sobre todo entre quienes respaldan a Gustavo Madero, quienes cuestionarán —con absoluta razón— el por qué darle una candidatura a Moreno Valle, quien no fue capaz ni de ganar la elección en su propio estado.
Lo más grave para Moreno Valle, es que en la suma total de votos en todo el estado, el PRI-Verde obtuvo más sufragios que Acción Nacional, lo cual implica un enorme riesgo para la próxima gubernatura.
Moreno Valle está entrampado con la mini gubernatura y lo peor de todo es que al interior de su equipo, existe una total descomposición, y en donde las traiciones pudieron ser parte de la debacle.
El juego de la sucesión, a unos meses de que haya candidato, ha provocado rompimientos entre los hombres cercanos a personajes con aspiraciones, y la jornada del 7 de junio fue un buen momento para intentar descarrilar algunos.
Así que lo que el pasado fue un fuerte bastión panista. Hoy Puebla se encuentra fragmentado y las políticas de exclusión del grupo dominante son la constante.
Y que sin importar la ética panista realizan prácticas políticas para ganar y conseguir sus objetivos como sea.