Víctor Carrancá Bourguet, el procurador general de Justicia, se apuró en desmarcar a Puebla como epicentro de “ejecuciones al mayoreo”, y no solo falló, sino que además colocó al estado como centro de “tiradero de cadáveres” y a la luz pública nos puso a los pies del “crimen organizado”.
Con un escueto boletín, informó que tres de los siete cuerpos hallados en un predio de San Juan Acateno son veracruzanos, originarios de Martínez de la Torre, y que, de acuerdo a lo que dicen sus familiares, fueron “levantados” en ese mismo lugar.
¿Y los otros cuatro?
Luego el procurador supone sin afirmar que estas personas fueron asesinadas en ese mismo estado de Veracruz y las trajeron a Puebla para “tirarlas”.
O una de dos, o el procurador tiene una médium o adivina, como la que alguna vez fue habilitada en la Procuraduría General de la República —panista por supuesto—, que le dijo que fue en Veracruz donde ejecutaron a las siete personas o uno de los ejecutados pudo hablar, a través del personas de periciales que utilizó para afirmar que fue la explosión de un cohetón lo que mató al niño de San Bernardino Chalchihualpan y no un proyectil policiaco, y éste “dedujo” que la ejecución fue en otro estado.
Cualquiera de las dos suposiciones no terminan por aclarar muchas, muchas dudas.
Como el mensaje que dejaron los homicidas, que involucraba al municipio de Acateno, además de Martínez de la Torre.
Además, no han sido identificadas las dos mujeres halladas días antes, a las que violaron y degollaron.
 

¿Puebla de rodillas?

Las afirmaciones del procurador de que el múltiple crimen y otros más que han sido descubiertos en territorio poblano son perpetrados en otros lugares y traídos a Puebla, nos hacen ver como un estado de tiradero de cavares.
Que nuestros cuerpos de seguridad son de verdad muy inútiles o muy corruptos, que permiten el paso de vehículos que transportan cuerpos sin vida, pese a que este gobierno ha dicho y sigue diciendo que desde las fronteras de Puebla se está garantizando la seguridad de los poblanos.
Pero pasa de todo.
Ladrones de hidrocarburo, secuestradores, droga, indocumentados, bandas de trata de personas, vehículos robados, cadáveres, armas, sin dejar de mencionar contrabando, piratería y muchas cosas más.
Y lo más grave es cuando estas mañas se quedan a vivir en Puebla.
Siempre se dijo que Puebla era “zona cero” para el crimen organizado, y eso no era otra cosa más que aquí nadie los molestaba, ni la justicia los podía alcanzar.
Ahora pelean entre sí por la plaza.
¿Y la policía?
 

Ministeriales estafados y cesados

Pero qué se puede esperar de un estado que en sus mismas filas sostiene la corrupción de sus mandos o jefes.
Y resulta que otros 10 elementos de la Policía Ministerial del Estado (PME) fueron cesados y podrían enfrentar cargos penales.
Un comandante de nombre Ismael, de clave o apodo “El Puma”, con cargo de subdirecrtor, les pidió a cada uno la suma de 60 mil pesos para ayudarlos a obtener su certificado de bachiller, que les pedían antes, como mínimo para ingresar a la corporación, y se los entregó, pero resultó que eran falsos.
Nuestro personaje, que estaría acantonado en Tepeaca, traicionó a sus propios compañeros, entonces ¿qué se espera de la justicia?


¿Quién se quedó con la lana de los acreditados?

Y resulta que una buena parte del personal administrativo de la Procuraduría General de Justicia (PGJ) y la misma Policía Ministerial pedía que sus salarios se homologaran a los de los agentes “acreditables”, ingresaron a los cursos de profesionalización, donde no sólo les prometieron un excelente bono, sino que además les dijeron que les iban a pagar el retroactivo de sus salarios, para que de 3 mil pesos recibieran 9 mil, y todos le entraron.
Resulta que estos retroactivos, además de su bono, se los debieron entregar del mes de enero a esta fecha, y resulta, primero, que a algunos, no a todos, les empezaron a pagar de abril para acá.
En otras palabras, este gobierno de Puebla se quedó con el salario de los agentes de enero a abril, tomando en cuenta que por cada elemento deberían ser 70 mil pesos.
¿Dónde está la lana?
¿Para la “carrera a Los Pinos?
Nos vemos cuando nos veamos.