Detrás de la publicación en Facebook sobre el llamado #calcetagate en la página de Enrique Peña Nieto subyace un tema mucho más apremiante que la frivolidad que a simple vista supone el comentario de un Jefe de Estado como el Presidente de México sobre el uso de un par de calcetas de la marca Under Armour para una carrera deportiva como la que organiza el Estado Mayor Presidencial.
Combativos como son, activistas de la izquierda en redes sociales hicieron lo suyo con el dejo burlón de un presidente incapaz de colocarse en forma adecuada un par de prendas para los pies, que más tarde se extendió al usuario promedio de la web.
La foto de los aditamentos deportivos en FB con la sola oración “aclarando el #calcetagate” tenía a la hora de escribir esta columna más de 80 mil 500 “likes” y un número superior a los 22 mil comentarios, alguno de ellos denigratorios como suele suceder en las redes sociales, una suerte de tierra comanche para el mexiquense desde los tiempos del emblemáticomovimiento #YoSoy132.
La profusión misma en la actuación de EPN en la dinámica deportiva el fin de semana tenía una clara intención de acallar el rumor extendido del círculo rojo a nivel general de un presunto estado de salud quebrantado por un mal inexpugnable. Conviene no olvidar que la salud presidencial es un asunto de Estado, como otros tantos temas en torno al mandatario en turno.
Con esa aparición en ropa deportiva y transmitiendo por primera vez en vivo desde la aplicación Periscope—una herramienta virtual que permite una comunicación horizontalcon cientos de miles de usuarios de la red—quedó oficialmente abierta la contra ofensiva de una Presidencia mermada por ciberactivistas que no han dado una sola pausa a quien se asumió como parte de la generación del “nuevo PRI”.
En esta semana quedó claro que existe una verdadera estrategia de comunicación política para sacar delabismo de la impopularidad en el que seencuentra Peña Nieto. 
La maquinaria había sido bosquejada desde que David López, uno de los más cercanos afectos de EPN salió de Comunicación Social para ser remplazado por Eduardo Sánchez. El dead line de tal propósito va más allá del 1 de septiembre, día del informe presidencial.
Es así como se debe entender la publicación en las columnas políticas de los diarios más influyentes el lunes de un mandatario reconciliado con su esposa, Angélica Rivera luego de los desaires mutuos (como sucede en cualquier relación de pareja) en su visita de Estado a Francia.
Y es por ello que en los días previos al Informe Presidencial asistiremos a gestos y comportamientos de un Presidente menos aislado y más actuante, rodeado de gente, fuera de esa burbuja inasible.
Una muestra fue ofrecida a las 21:01 del martes 18 cuando volvió a recurrir a sus propios medios para transmitir su mensaje, sin pasar por la ortodoxia y cada vez menos efectiva oficina de prensa.
En 3 minutos y 28 segundos alrededor de 27 mil usuarios de Facebook vieron a un Peña Nieto, difícil de imaginar enfermo o desanimado por una relación sentimental difícil. La narrativa del video no admite duda. Toma por sorpresa a Rosario Robles la titular de Sedesol ensimismada en su teléfono móvil con un “hay estoy grabando Rosario”.
Van a bordo de una camioneta acompañados del gobernador interino de Michoacán y atrás quien parece un asistente. 
Fuera de agenda se internan en tierra caliente, visitan un comedor comunitario y ahí dialoga con las mujeres encargadas del esquema de apoyo alimentario del sexenio. La línea de tiempo del video muestra a un Peña Nieto actuante y atento al diálogo con la gente del lugar que no esperaba la comitiva.
Una mujer le dice a Peña Nieto “es que no me he peinado” mientras sostiene en brazos a un niño. Sonríen ambos y se toman la selfie. 
El mensaje entre líneas está ahí, al alcance de quien lo quiera ver. Conectar con un sector difícil es la consigna. Cuatro días han sido suficientes para observar A un Presidente que enseña una relación marital sana, que gusta de bailar con su pareja; que hace deporte y, sobre todo que responde con sentido del humor a la metralla de las  redes a las que está dispuesto a recurrir para reconstruir la imagen presidencial de la que en buena medida depende la viabilidad el proyecto que encabeza, sobre todo a la hora de definiciones políticas.