Que lejos los tiempos en que Javier Lozano Alarcón como secretario de Estado en el sexenio pasado imponía, manoteaba y fanfarroneaba. 
Lenguaraz como ha sido debe saber por estos días del sabor de la hiel de la derrota consecutiva en un terreno y otro de la vida pública. 
Apenas el 1 de septiembre la Parabólica estuvo dedicada a la virulencia con que el desmemoriado senador reaccionó ante la virtual aprobación en el Senado del tuxpeño Miguel Basáñez como embajador de México en Estados Unidos.
Cuando presidente, su amigo en los tiempos de la Libre de Derecho había enviado al folclórico Jorge Zermeño como representante de nuestro país a España con todo y los desfiguros que provocó junto con su esposa, la ex presentadora de televisión en La Laguna, Astrid Casade que se creyó de la realeza española. 
Ayer junto a su correligionaria Marian Gómez del Campo ofrecieron una conferencia de prensa para fijar posiciones. Gómez del Campo también olvidadiza aventó una puntada al aire frente a los reporteros de la fuente.
“Recuerden los perfiles que se impulsaron en los dos sexenios tanto de Fox como de Calderón: perfiles que no se les podía cuestionar nada. Perfiles realmente conocedores de política exterior, con carrera…” Olvidó a Zermeño, el pintoresco. 
La propuesta de Enrique Peña Nieto fue aprobada por una mayoría notable que incluyó los votos del grupo parlamentario del PAN, episodio que dejó solos a los detractores de la propuesta presidencial.
Esa derrota legislativa corre en paralelo al otro gran tropiezo jurídico de este personaje catalogado por amplios segmentos de la clase política nacional y local como un advenedizo sin remedio.
Con recursos de leguleyo quiso someter a Manuel Bartlett Díaz a través de una demanda por daño moral cuando en 2012 el petista lo acusó de enfrentar un conflicto como funcionario federal por los afectos que tiene en Televisa, por su papel en la tragedia de la mina Pasta de Conchos y hasta de mantener vínculos con Elba Esther Gordillo, la madrina política del gobernador Rafael Moreno Valle, sometida a proceso penal. 
Sometido, servil el poder judicial de Puebla a los mandatos del gobernador, dio la razón al panista iracundo en el juicio contra el ex gobernador que ahora milita en el PT. 
“Para mí lo más importante no era la cantidad de dinero, sino la exhibición de la forma tan irresponsable de actuar de Manuel Bartlett, para mí el escarmiento público y político es más que suficiente”, dijo al periódico Milenio Puebla en octubre de 2013, hace casi dos años.
El juicio del que se sintió orondo terminó por caerse. Exonerado por la justicia federal Bartlett Díaz, Lozano Alarcón volvió a ser exhibido, dueño de un talante sistemáticamente irracional.    
De sus aspiraciones como candidato a gobernador en 2018, ni profundizar. El chiste se cuenta solo. 
Ayer en la parte de la rueda de prensa sobre el tema Bartlett expulsó lo que más se parece a la rabia. Un reportero de plano preguntó ¿se molesta?
—“Pues claro que me molesto”…  
Acumula derrotas y bilis este panista peculiar recordado en círculos sindicales como el peor de lo secretarios de Trabajo que haya tenido el país. Su foto pende de los muros viejos de los trabajadores echados de la empresa Mexicana de Aviación y del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME).
Debe añorar los tiempos de los Calderón en Los Pinos, o debe anhelar un futuro con Moreno Valle en la misma casona de Manuel Acuña 144, la residencia de los presidentes de México.