Los recientes cambios al gabinete presidencial anunciados por Enrique Peña Nieto, generaron una lectura política generalizada: que José Antonio Meade con su arribo a Sedesol es el candidato que guardaba en la chistera el presidente de la República, con miras al 2018.
Sin duda, Meade necesitaba una posición de mayor exposición mediática y una cartera social para convertirlo en un auténtico presidenciable, lo cual se cumple con su llegada a la Secretaría de Desarrollo Social.
El espaldarazo a José Antonio Meade es incuestionable y la titularidad de Sedesol se suma a las tres anteriores: Energía, Hacienda y Relaciones Exteriores, en las que su papel ha sido más que reconocido y respetado.
En esta inercia generada por el descubrimiento de un nuevo presidenciable se pasó por alto el nombramiento de Rosario Robles a la Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu).
Francamente, poco ayuda el rimbombante título que le dieron a esta dependencia, la cual fue armada en el 2013 como resultado de la fusión de la Secretaría de la Reforma Agraria y la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Ordenamiento Territorial perteneciente en ese momento a la Sedesol.
Sin duda, la Sedatu fue creada como una súper secretaría con la intención de generar políticas públicas para el desarrollo de las ciudades.
Basta con revisar los presupuestos destinados a programas sociales, para darse cuenta que la Sedatu cuenta con recursos muy superiores a Sedesol y que quizá esto explique el cambio de Rosario Robles a esta dependencia.
Fueron muchos los que dieron como un hecho la salida de Sedesol de Robles, pensando que se quedaba fuera del gabinete.
Sin embargo, la artífice de la Cruzada Nacional Contra el Hambre ahora tendrá en sus manos el reto de reto de abonar a la política de desarrollo social de Peña y corresponder a los mexicanos en su derecho a la propiedad y a la vivienda digna. 
Sin duda, la Sedatu fue creada para ser la “Secretaría del Sexenio” y ninguno de los dos secretarios anteriores, ambos amigos muy cercanos del presidente (Ramírez Marín y Murillo Karam) pudieron con el paquete.
Ahora es el turno de Rosario Robles para darle a la Sedatu el brillo que sus antecesores no lograron, pese al enorme presupuesto, a los programas sociales y a la estructura humana que le fueron otorgados a esta súper secretaría.
Un manual de la propia Sedatu, que describe la concepción y los alcances de esta dependencia dice textualmente:
“La acción de la Sedatu debe concebirse como la de eje articulador de otras políticas sociales, particularmente la de desarrollo económico, desarrollo agrario, infraestructura, transporte y telecomunicaciones. El objetivo es articular la conexión entre zonas rurales y urbanas (centros de producción y consumo de alimentos); centros de oferta y demanda laboral, con la gestión del suelo, la propiedad territorial y la vivienda.
La Sedatu es responsable de la administración de los terrenos propiedad de la nación, es el gran articulador de la políticas de Vivienda y Urbanismo; de las políticas de Ordenamiento y Desarrollo Metropolitano; de diseñar políticas de Desarrollo Agrario, todo esto bajo un enfoque sustentable”.
Sin duda, el relevo de Rosario Robles refleja una confianza plena de Peña Nieto, para darle las llaves del cofre que resguarda la “joya del sexenio”.
No es casual que la súper secretaría diseñada por Peña Nieto no haya caído en manos de un presidenciable, sino en las de una funcionaria ya probada en áreas de desarrollo y atención a la pobreza.
Pero sobre todo, también probada en la operación política, en donde les respondió con números favorables al partido del Presidente, en los dos estados (Guerrero y Oaxaca) que le fueron encomendados.
No hay que olvidar que el enemigo cantado para el 2018 es Andrés Manuel López Obrador, a quien Robles conoce perfectamente.
Y los alcances de los programas de la Sedatu, llegan particularmente a los sectores en donde AMLO tiene mayores simpatizantes.
Así las cosas, los nombramientos de Meade y Robles representan el relanzamiento social y electoral del presidente Peña Nieto.
Ni más, ni menos.