Uno de los constantes errores de la Fiscalía General del Estado (FGE), consistente en obligar a sospechosos de algún delito firmen confesiones que no hicieron, sin tener la presencia de un abogado defensor —no de oficio—, echó por tierra el trabajo de investigación realizado por la Secretaría de Seguridad Pública del Estado (SSPE), para la detención de 7 policías municipales de Amozoc de Mota y otro que estaba uniformado sin serlo, que en algún punto de la población de Chachapa protegían las actividades de ladrones de combustible.

Y es que la FGE regresó, o mejor dicho, no ha olvidado los vicios de interrogar a detenidos y hasta torturarlos para arrancarles alguna declaración, y lo más cínico, escribir las “confesiones” de los sospechosos iguales, como si todos pensaran igual, y lo peor obligarlos, a que las firmaran.

Este “error” del Ministerio Público ante el Nuevo Sistema de Justicia Penal, sirvió para que un juez de Control determinara que los 8 detenidos como presuntos responsables de los delitos de privación ilegal de la libertad, robo agravado, lesiones dolosas y portación de armas de fuego, quedaran en libertad.

La razón fue muy sencilla, el juez al leer la declaración de los 8 sospechosos se dio cuenta que todas decían casi lo mismo, como un machote y que lo único que variaba fue la firma de cada uno de ellos.

Así las cosas, la tarde del jueves todos los detenidos salieron del Centro de Reinserción Social (Cereso) de San Miguel, libres de polvo y paja.

Y todavía hay más, están en su derecho de presentar denuncia por la detención de la que fueron objeto y quienes los detuvieron correr el riesgo de terminar en prisión, porque en este caso sí se puede probar que los detuvieron sin tener una prueba suficiente para hacerlo.

Qué ironía

La libertad de estos siete policías, más uno que estaba uniformarlo sin serlo, ocurrió al siguiente día de que en redes sociales se difundiera un video de más de dos minutos, tomado por una supuesta cámara de seguridad, donde aparecían uniformados de Amozoc en un vehículo oficial, custodiando una camioneta que trasladaba presunto hidrocarburo robado.

Incluso, uno de estos elementos amablemente se bajó de su patrulla para ir a cerrar la puerta de esa camioneta que iba abierta.

¡Dios no lo quiera se pudiera salir uno de los bidones!

La libertad de estos hombres se da después de muchas declaraciones hechas al vapor.

La principal, la del gobernador Rafael Moreno Valle, que seguro de la detención de los policías, adelantó que además iban a ser investigados por enriquecimiento ilícito.

Y es que en la FGE no le mintieron a Moreno Valle cuando le informaron que sabían de los policías y de todas las redes del robo de hidrocarburos, simplemente fueron muy chambones para poder integrar una investigación.

En realidad no están preparados para este nuevo sistema de justicia, todavía trabajan a la antigüita, con confesiones armadas, torturas y madrazos a lo pen…

Otras declaraciones que se quedan como viles mentiras o simples cantinfladas son las del mismo fiscal, Víctor Antonio Carrancá Bourget, que dijo ante reporteros que el presidente municipal de Amozoc de Mota, José Cruz Sánchez Rojas, iba a ser investigado porque los policías detenidos dijeron que él mismo les había dado la orden para que protegieran a los cuachicoleros.

Y ahora resulta que los policías están libres.

Y la razón es muy simple, no pudieron integrar debidamente la investigación.

Y también qué va a pasar con las declaraciones del presidente municipal de Amozoc que dio ante Televisa, donde al estilo de El Chapulín Colorado, “Lo sospeché desde un principio”, que dijo que si sus policías fueron detenidos es porque él mismo solicitó al gobierno de Puebla, a su amigo personal, Rafael Moreno Valle, que se investigara el robo de hidrocarburos en su municipio.

¿Quién va a pagar los platos rotos?

Por cierto, en la detención de los policías de Amozoc, su interrogatorio, prisión preventiva y libertad, jamás se mencionó que estaban protegiendo a chupaductos.

Esas declaraciones se las aventaron los tres personajes ya nombrados.

Nos vemos cuando nos veamos.