Después de ver todo lo que ha sucedido con la consulta, de haber sido testigo del remedo de consultas públicas sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, irás más sobre la construcción del Tren Maya y la última por la Termoeléctrica de Huexca en Morelos, nadie en su sano juicio puede creer la historia de que en Morena van a definir al candidato a gobernador a través de una encuesta.

Pecaría de ingenuo el que así lo crea. En Morena existe una sola voluntad. La única encuesta en la 4T se realiza en la mente del presidente López Obrador.

De ahí que resulte absurdo el camino que han tomado los tres candidatos, con eventos al viejo estilo priista, en donde pareciera que mostrar el “músculo” fuera el camino para ganar la nominación de Morena.

Pareciera que los morenistas, en su mayoría ex priistas no entendieron nada. Los observó y los veo sentados en la silla del poder —sin comprender que los ciudadanos no votaron por ellos, sino por el hartazgo generado por quienes abusaron del poder—, apoyados en las mismas prácticas que en Morena empiezan a repetir.

Ayer por la tarde, al recibir el reporte de los arranques de campaña de los reporteros de Intolerancia Diario, se repitió una frase en dos de ellos: “muy priistas los eventos”.

No podía ser de otra manera.

Los traiciona su naturaleza y los lleva a caer en esas prácticas ancestrales que reflejan al México que los propios ciudadanos pensaron desterraban con su voto a Morena y Andrés Manuel.

O acaso ¿alguien conoce o ha visto al encuestador de cabecera de AMLO?

¿Cuál es el equipo de encuestadores y analistas que hacen ese trabajo?
Evidentemente los estudios demoscópicos en Morena no existen; son duendes como los buscadores de talento de las ligas mayores de béisbol, que según Andrés Manuel, lo vieron como un prospecto en los años sesentas para jugar en la gran carpa.

Los encuestadores de Morena son uno más de los amigos imaginarios de AMLO. Esa es la democracia morenista.

Y conste que esto no favorece a uno ni a otro suspirante. Lo que sí, es que mientras aquí en la aldea todos se hacen trizas, en Palacio Nacional la decisión será tomada sin que el circo poblano influya en la decisión lopezobradorista.

Y aun así, no faltará quien busque medir posibilidades de uno u otro a través de la medición de sus eventos. Y mientras aquí se dan hasta con la maceta, el dedo encuestador espera el momento de ungir al que será su enviado para conquistar la tierra morenovallista para que, con cartilla moral en mano venga a evangelizar a los herejes poblanos.

Por momentos, esto pareciera un dejavú tricolor. Ni más, ni menos.

La orfandad azul


Mientras en Morena hacían fiestas al estilo priista mostrando el músculo electoral, en las oficinas del Comité Estatal del PAN se citó a una rueda de prensa dominical a las 5 de la tarde, logrando que llegaran una gran cantidad de medios, esperando que la presidenta, Genoveva Huerta Villegas anunciara la coalición que reforzaría sus aspiraciones de recuperar Casa Puebla y de la estrategia para ganar esta elección.

Ya jodida la cosa, esperábamos verla tirarse al piso diciendo que los morenistas llevaron acarreados a sus arranques de campaña o algo que pudiera contrarrestar el boom mediático de los suspirantes de Morena. Pero no.

El tema de su rueda de prensa fue pedir que se esclareciera el accidente de Martha Erika, cuando el dirigente nacional Marko Cortés ya lo había transmitido desde la mañana con miles de reproducciones en sus redes sociales.

A Genoveva no le pareció importante el decir que no hubo coalición, mostró su incapacidad para dialogar con los dirigentes de otros partidos. Ella sigue de luto y esperando una explicación del helicopterazo.

Es duro decirlo, pero pareciera que se trata de una viuda en el novenario, donde no se da cuenta que hay que sacar adelante a la familia, pero se quedó encerrada en el duelo.

Y así como ella, hay muchos que aún no se logran reponer de su pérdida.

Y mientras ellos lloran, sus rivales ya se repartieron el gran botín.