Honra Alberto Jiménez Merino al PRI con su candidatura al gobierno de Puebla, y no al revés, porque se trata de los últimos cruzados que quedan en ese partido con la virtud de la congruencia en un ámbito plagado de malosos y convenencieros.

No es gratuito que en todas las mediciones hechas por diferentes empresas encuestadoras el Partido Revolucionario Institucional lidere en rechazo y se levante como una de las instituciones con el mayor desprestigio social.

La dirigenta nacional del PRI, Claudia Ruiz Massieu, cuyo único mérito partidista es ser sobrina de Carlos Salinas y protegida del grupo de Enrique Peña Nieto, decidió por un ingeniero agrónomo, lejos de la tecnocracia y que, en cambio hizo carrera desde que ingresó a la Universidad de Chapingo y continuó en la Confederación Nacional Campesina.

El ex delegado de la Comisión Nacional del Agua que formó profesionales en el área de Desarrollo Rural solía contar un pasaje de su vida de infancia en un lago de la mixteca, de donde es originario.

Cómo es que consiguió pescar un pez de gran tamaño en ese lago en que se bañaba la comunidad mixteca para ser el platillo principal de la familia carente de bienes materiales.

Luego de esa enseñanza temprana consiguió estudiar y hacer carrera en el sector agrario. Como en el proverbio, materializó lo que la máxima dicta: “dale un pez a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días”.

Ese contraste personal refleja la dicotomía de una clase política cleptocrática en donde están Salinas de Gortari, Peña Nieto, Osorio Chong, Marín Torres y Moreno Valle, por ejemplo.

Su sola designación como candidato es un reconocimiento a sus méritos partidistas, pero llegan tarde porque el PRI es un cadáver insepulto en el camposanto en donde también descansan sus principios ideológicos.

Lejos de la preferencia electoral, sólo concita enojo y rechazo por culpa de una clase política dirigente que se ha distinguido por ser insensible frente al hartazgo popular.

No consiguió ser candidato porque en el camino se le atravesaron otros políticos de ese mismo partido que resultaron colaboracionistas de enemigos ideológicos de un partido que proclamaba la justicia social.

En el lejano 2010 fue Javier López Zavala, perdedor frente a Rafael Moreno Valle y quien ahora es operador de Luis Miguel Barbosa; luego fue Enrique Doger Guerrero, que decidió levantar la mano a Martha Erika Alonso cuando la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación no validaba aún el triunfo.

Jiménez Merino es el último cruzado que tiene ese partido lleno de despojos y su candidatura es honrosa por donde se le vea.