El tiempo es, sin duda, una de las grandes incógnitas que enredan nuestra desconocida vida. El tiempo contiene dentro de sí, varios tiempos: un niño lo percibe de forma distinta a un joven y, el joven al adulto y el adulto al viejo y el viejo al anciano.

Para no hacer esto más complicado, sin importar la edad que tengas, el tiempo pasará volando o será una eternidad.

Pero nuestra confusión va más allá, puesto que para algunos, el tiempo es la vida misma, para otros es una percepción relativa, para otros es una manifestación de la creación, o es la contraparte del espacio (el espacio/tiempo, diría Einstein). Lo absurdo es que a algo tan desconocido lo culpemos de todas nuestras desgracias, de fortunas e infortunios, y para hacerlo, le llamamos vida, destino, Dios, etcétera.

Para mí, es obvio que existe un solo tiempo y que, lo percibimos según nuestro estado de ánimo y nuestras vapuleadas emociones; porque puedo disfrutarlo como un niño a pesar de mi edad o puedo padecerlo, dependerá de la emoción negativa o positiva que yo decida vivir en ese tiempo.

Lo que no se me hace válido es culpar al tiempo de nuestra actitud frente a la vida. En realidad no hemos sabido vivir ni entender que el tiempo y la vida son dos caras de una misma moneda que son dos cosas distintas, y la mayoría de las veces, distantes.

Solo sé que ahora lamento el tiempo que he perdido, como a veces lamento mi silencio, porque al final, cuando me atrevo a decir algo, termino por no decir nada.

Así es, lector querido: si eres alegre, la vida valdrá la pena, si eres amargo, la vida será más amarga, si le temes al tiempo, estarás perdiendo la vida y si temes a la vida habrás perdido el tiempo…raro ¿no?

El tiempo
El tiempo