La prensa local que quemó en la plaza pública a Luis Miguel Barbosa como candidato a gobernador en el 2018, decidió borrar el pasado inmediato el cúmulo de ofensas y adjetivos; o más aún, encontró virtudes ignotas en quien rivalizó en la arena política con la candidata del sistema impuesto por Rafael Moreno Valle, el dictador que pereció el 24 de diciembre pasado.

Han transcurrido siete meses desde entonces, pero el lapso parece una eternidad, a juzgar por los contenidos recientes que invocan a un legítimo guerrero del presente, listo para mandatar para lo que resta del sexenio, si así lo dispone el designio del voto ciudadano en junio próximo.

Del infierno de las campañas negras al ensalzamiento oportuno del hoy y ahora. Se acabaron los términos calumniosos, los apodos innobles y la incendiaria línea editorial que denostó sin pausa a quien se presentó a la contienda pasada.

Qué lejos parece el periodo en el que hasta intenciones había para hacer tropezar en público al candidato de la coalición Juntos Haremos Historia. Buscaban hacer perder el equilibrio al ex abanderado en un acto de campaña para lograr la gráfica de un hombre derrotado para alimentar a la jauría que todos los días celebran la sangre de esos titulares.

Los medios que igual crucificaron a Barbosa en la contienda de 2018, lo hicieron en 2016 con Blanca Alcalá Ruiz, la priista que tuvo que soportar el caudal de lodo que salía del war room con el propósito final de mantener en el poder, a perpetuidad, a una sólo persona: el extinto senador.

La carroña del pasado, en el pasado quedó, ahora se ve. La tersa línea editorial del presente es apenas una muestra del reflejo que se vive en el escenario local rumbo a la elección extraordinaria de junio próximo, sin la rudeza de otro tiempo, ni la mierda que salpicó virtudes públicas y deshizo códigos morales.

Ahí tendrán académicos y profesores de comunicación política, alumnos de periodismo campo fértil para trabajar sobre códigos deontológicos en algunas de las propuestas informativas que el lector, audiencia o followers privilegia o castiga.

En el sótano...

1.- Activismo trasnochado. La dirigencia de Genoveva Huerta en el Partido Acción Nacional hace agua, pero ella parece ser la única que no lo advierte.
Cuando sus correligionarios reclaman seriedad y oficio político en momentos precisos, el único impulso para el que no ha titubeado es para exigir en redes sociales resultados de la investigación que derivó en la caída del helicóptero que cobró la vida de Moreno Valle y su esposa, la gobernadora Martha Erika Alonso.

2.- Activismo Trasnochado II, el de la “activista” Paola Migoya ¿habrá dicho al gobernador de Chihuahua, Javier Corral; al senador sin partido, Emilio Álvarez Icaza; al periodista Raúl Trejo Delarbre; o al antiAMLO, Fernando Belauzarán, todos ellos firmantes de un documento para hacer contrapeso a López Obrador,  que ella misma estuvo en la ruta de los pejelover cuando se ostentó precandidata al gobierno municipal de Puebla por Morena?, ¿Saben que le cerraron la puerta, ignoran que a un activo político de ese partido no lo ha bajado de asesino?

3.- Hora de definiciones. La presidenta municipal de Puebla, Claudia Rivera Vivanco decidió hacer política partidista. Se sumó a la causa del aspirante a la candidatura a gobernador, Alejandro Armenta Mier. La postura de la edil viene después de los desencuentros que mantuvo con la dirigencia de su propio partido político.