No solo fueron los casos de violencia en San Salvador Atenco o de la APPO en Oaxaca, los que definen al exsecretario de Seguridad Pública de Rafael Moreno Valle, Ardelio Vargas como un represor. El excomisionado del Instituto Nacional de Migración (INM) se refleja de cuerpo entero en algunas frases que este día me permito recordar.

En agosto de 2011, Vargas Fosado, admitió que ordenó a sus elementos agredir a reporteros y destruir material fotográfico en Chignahuapan: "Si no traes una identificación, donde te encuentre en una operación y me estás agrediendo, tendré que tomar medidas de control".

De aquella agresión, que le valió una recomendación de la CEDH, Intolerancia Diario dio cuenta al transcribir parte de la conversación que sostuvo el morenovallista con sus subalternos: “A esos cabrones no les devuelvan las cámaras, hasta allá, y bórreles toda la imagen que tienen; de tontos nos van a acusar si se las devolvemos, ¡que chinguen a su madre!, nos agredieron, también eran parte de ese grupo”.

En Tlachichuca, a finales de mayo de 2012, cuando se registró otra de las varias agresiones que la corporación cometió contra reporteros, foto-reporteros y comunicadores, Vargas Fosado apuntó que sus elementos no diferenciarían entre prensa y pobladores: “Los operativos no son tablas gimnásticas, fue una operación muy rápida… La gente que estaba hasta adelante pues con la pena…  Nosotros en la operación no tenemos la capacidad de distinguir dónde están ustedes (los reporteros y foto-reporteros) yo les pediría que de alguna manera trajeran sus chalecos o una cosa que dijera: Prensa”

En diciembre de 2014, al cuestionársele si él hubiera actuado de la misma forma que Facundo Rosas, así se expresó el excomisionado del INM del violento desalojo que se realizó en Chalchihuapan donde falleció un menor de edad: “Cuando a mí me toca la responsabilidad yo la asumo. Ahora soy muy respetuoso. Cada quien tiene las formas de matar las pulgas. Yo tengo la mía”.

Ardelio Vargas es el hombre que se “sumó” a la campaña de Miguel Barbosa asegurando: “Tenemos que buscar dónde nos enganchamos para que nuestros proyectos sean viables”, el mismo morenovallista que este miércoles por inverosímil que parezca, fue respaldado por el morenista Gabriel Biestro.

Alonso, un lunar en el Congreso

La misoginia del diputado Héctor Alonso Granados, fue exhibida ayer por la joven diputada Vianey García, al aclarar que cada mujer tiene nombre y apellido.

Las declaraciones de la presidenta de la Comisión de Gobernación surgieron luego que Alonso Granados se enfrascó en una discusión con la diputada del PES, Nora Merino.

El diputado “chapulín” cuestionó que la particular de la legisladora ocupe ya un cargo en la SEP e incluso dijo en un tono de menosprecio: “Esa mujer que parece que tiene doctorado”.

Ante ello Nora Merino le recordó cómo llegó al Partido Encuentro Social pidiendo ser candidato a diputado federal por el distrito 12, pero además la frustración de no haber sido llevado a la contraloría por el gobernador interino.

La cátedra

Aunque la mayoría de los medios poblanos ignoraron la nota, ayer por unanimidad el Congreso del Estado aprobó la primera iniciativa redactada por una persona con parálisis cerebral severa; en ella se exhorta al Poder Ejecutivo a garantizar el fortalecimiento de las Unidades de Apoyo a la Educación Regular (USAER).

Quien le corrigió la plana a los legisladores locales fue Juan Arturo Calderón primer egresado con discapacidad, de la maestría de Ciencias Políticas de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, cuya titulación fue con honores.

El joven que tuvo un promedio de 9.85 enmendó una iniciativa mal presentada por los diputados. Como detalle, Juan Arturo Calderón cuenta con un mayor nivel de estudios que el 90 por ciento de nuestros representantes.