Generalmente, cuando existe un cambio de rumbo en el timón de un equipo a la deriva, por alguna maldita casualidad, los resultados positivos regresan a él. Y Toluca fue la última prueba de semejante milagro.

Este domingo, después de seis partidos sin sumar de a tres, los Choriceros se reencontraron con la victoria tras derrotar a Veracruz; este último, un equipo muerto en vida, que ya no encuentra la manera más rápida de acabar con su agonía en el máximo circuito del futbol mexicano.

La directiva de los Diablos Rojos, uno de los equipos históricos de nuestro balompié y uno de los verdaderos grandes clubes de México en las últimas dos décadas, corrigió el camino y apostó nuevamente por un proyecto que prioriza el futbol por encima de la engañosa y no siempre exitosa evocación la identidad.

Los procesos de José Saturnino Cardozo y Hernán Cristante, figuras incontestables en la reciente época dorada de los Diablos, sólo fueron experimentos fallidos como estrategas, quienes, si en cierto momento entusiasmaron a los suyos, fue por esa inevitable ilusión de creer que en el futbol actual basta solamente con los recuerdos y querer a la camiseta.

Este lunes, Toluca volverá a saber lo que es tener un verdadero director técnico en el banquillo. Y desde este lado de la trinchera lo agradecemos, porque tipos como Ricardo Antonio La Volpe, sí o sí, deben estar siempre en activo.

¡Enhorabuena al Toluca por la decisión y a nosotros, porque volveremos a disfrutar de El Bigotón!

Nos leemos la siguiente semana. Y recuerden: la intención sólo la conoce  el jugador.