A partir de este miércoles corre el tramo final para que la dirigencia nacional de Morena decida quién será su candidato para la extraordinaria de Puebla, lo que significa en la práctica, conocer al futuro gobernador.

De aquí al 10 de marzo se conocerá la decisión y aunque en política un minuto es una eternidad, el suspenso se percibe en todos los ámbitos.

La pelea está centrada entre Luis Miguel Barbosa Huerta y Alejandro Armenta Mier. Son dos pesos pesados de la política con fortalezas y áreas de oportunidad, con un alto nivel de profesionalismo.

La rivalidad política que ambos viven alcanza a dos cabezas de la dirigencia nacional como Yeidckol Polevnsky, la dirigente y Ricardo Monreal, el coordinador de los senadores del Movimiento de Regeneración Nacional.

La senadora Nancy de la Sierra hace esfuerzos por colarse en la interna del partido dominante, aunque carece de posibilidades por la  falta de apoyos nacionales y porque detrás de sus aspiraciones está su marido, el diputado local del PT, José Juan Espinosa, que vive un aislamiento político como pocos.

La propia De la Sierra marcó distancia de Monreal, en la práctica jefe político de ella misma y de su consorte cuando votó en la Cámara Alta de diversas iniciativas del zacatecano.

A partir de este conjunto de variables, en el estado de Puebla corren las últimas 100 horas para conocerse el veredicto final. Con encuesta o sin ella, con dedazo o sin él, alguien deberá comenzar a trabajar la reconciliación necesaria de un grupo que necesitará de la unión de todos.

La necesaria reconciliación deberá ser algo más que un dogma de fe por los retos que están por venir, si es que como se prevé en diversos estudios demoscópicos, la jornada electoral extraordinaria es asunto de trámite para entregar el poder al candidato de Morena una vez transcurrida la elección.

Lo que resiste apoya dice la máxima en política y para el caso, aplica. Sin embargo el sostén del proyecto de nación no es deidad divina, sino un hombre de carne y hueso: Andrés Manuel López Obrador.

El presidente ha resistido, hasta ahora, los embates de los grupos a los que él mismo dejó de fustigar, claramente identificados. El blindaje y el bono democrático no es eterno ni inagotable y ni Barbosa ni Armenta son López Obrador. Punto.

Entre este 6 y 10 de marzo en que la moneda en el aire caiga para cantar el nombre del triunfador, deberá comenzar a trabajar en el plan de acción para resanar heridas.

El proyecto de nación que tanto defienden en sus discursos así lo exige.