Los valores parten de nuestras creencias y representan una guía de comportamiento para los individuos en la sociedad.

Como lo hemos explicado en este espacio, los abolicionistas no sólo intentan acabar con las corridas de toros sino con los valores asociadas con la tauromaquia. Por lo tanto, ofrecimos que, en el primer espacio de cada mes de lo que queda del 2022, desglosaríamos esos valores.

Admiramos a los toreros porque poseen habilidades y la personalidad que les permite llevar a cabo hazañas que serían imposibles para los demás.

El torero aspira a la excelencia y eso hace que su conducta ejemplar cautive, seduzca e inspire. Para alcanzarlo requiere esfuerzo y capacidad de sacrificio.

José Miguel Arroyo "Joselito" lo explica diciendo que "el torero ha de compaginar la sensibilidad de un artista para expresarse y el valor de un guerrero para superar el dolor y el miedo" ("Joselito, el verdadero". Espasa, 2012, p.147).

El esfuerzo, según la Real Academia de la Lengua, es "el empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades".

Y el sacrificio va de la mano, porque implica superar adversidades, pero se realiza por amor para alcanzar algo de mayor trascendencia. 

La palabra "sacrificio", etimológicamente, proviene de la unión de los términos latinos, sacrum, que significa "sagrado", y facere, que puede traducirse como "hacer". O sea, se realiza un esfuerzo por algo venerable.

El valor del sacrificio es aquel esfuerzo tremendo, sorprendente, en el que se vence la comodidad e incluso los propios gustos, para alcanzar un beneficio mayor. Supone hacer ejercicio, dietas, horas de lectura, aplazar momentos de placer por alcanzar la excelencia.

Esta capacidad de sacrificio se observa en deportistas de alto rendimiento. Quizá el ejemplo actual más visible es el de Rafael Nadal. 

Después de una de sus épicas victorias en este 2022, John McEnroe dijo que era el jugador con la mayor capacidad de sacrificio y esfuerzo de la historia: "Nunca he visto a nadie esforzarse tanto como él y perseverar una y otra vez por muchos que problemas que tenga".

La capacidad de sacrificio, entonces, es esforzarse cuando no apetece, seguir cuando los músculos no pueden e intentar sobreponerse a  todo tipo de dificultades.

Esto se puede observar en novilleros y matadores de toros. Esfuerzos físicos inconmensurables.

Quedarse en el ruedo a pesar de tener heridas. Roca Rey lo hizo en Bilbao hace unos días. Jaime Roch escribió lo siguiente de la actuación del diestro peruano: "De la misma forma que los griegos concibieron a sus héroes legendarios como grandes hombres de un pasado mítico y glorioso, las 14 mil personas que poblaron Vista Alegre percibieron al joven torero peruano con una suerte de aptitudes sobrehumanas capaces de sacrificar su propia vida frente al toro para crear emociones fuertes".

El periodista comparó al torero con Odiseo, Agamenón o Aquiles y explicó que había provocado “una conmoción en cadena que culminó en una de las mayores explosiones de catarsis colectiva que aquí (Bilbao) se recuerda" (Editorial Prensa Valenciana, 28/08/2022).

Las corridas de toros son más que un deporte, son un sacrificio ritual. En el toreo existe un mayor grado de compromiso que el que realizan los deportista.

El torero es el sacrificante del rito y se compromete hasta el fondo, acepta el peligro y el juego de la muerte. El torero está en solitario para sucumbir, lo mismo que el toro.

El hombre se coloca en la embestida natural del toro, dándole todas las ventajas, comprometiendo sus partes más vulnerables y dejándose ver lo más posible (por el toro y por público). Para poder matar al toro, el torero debe exponer su propia vida.

Para ejemplificarlo, retomemos la crónica Jaime Roch sobre la actuación del diestro peruano en Bilbao: "Roca Rey cruza la línea de fuego para buscar el triunfo (…) Y es que el toreo es un heroico esfuerzo artístico y ético, un ejercicio apasionado, espiritual y barroco hecho de dignidad y valor. Si no es sublime es, por lo menos, profundamente puro. Una estoica lección de vida que produce el entusiasmo de la afición".

La filosofía utilitaria, propia de los movimientos animalistas y de la sociedad urbanita que se identifica con los antitaurinos, es enemiga del esfuerzo y del sacrificio.

El término "útil" busca cumplir el significado que le daba el Jeremy Bentham –predecesor, entre otros, del ideólogo del animalismo Peter Singer–, que es aquello que resulta del cálculo entre el placer que genera una acción menos el sufrimiento que dicha acción produce en la persona involucrada. La felicidad para Bentham esta identificada con el placer y la ausencia del dolor.

Una sociedad hedonista y utilitaria aspira al placer en el corto plazo. El esfuerzo y el sacrificio son males que deben ser mitigados.

De ahí la idea de prohibir las actividades que se identifiquen con hacer algo sagrado. El toreo, en cambio, a partir de valores como el sacrificio, pretende edificar una sociedad más íntegra, que aspire a la trascendencia.