El paro estudiantil en la BUAP ha terminado.
Las aulas vuelven a llenarse de voces.
Lo que queda no es solo el eco de una protesta, sino un llamado urgente a la reflexión.
Durante semanas, los campus se convirtieron en un escenario de resistencia donde jóvenes lograron ser escuchados, aunque el proceso estuvo marcado por tropiezos y demoras que dejaron dudas en el aire.
Ahora toca analizar qué sigue.
Este movimiento no nació de la nada.
Surgió de distintos problemas, pero el que más llama la atención son las constantes acusaciones de acoso, las que deben ser revisadas.
Otro elemento que generó ruido fue la manera en que los estudiantes gestionaron sus demandas.
Durante los primeros días, la falta de claridad y la negativa a establecer pliegos petitorios concretos prolongaron la incertidumbre.
La protesta, que inició con fuerza y legitimidad, comenzó a perder rumbo en algunos momentos, dando pie a divisiones internas y a que sectores externos intentaran capitalizar el movimiento.
Si algo dejó claro este paro es que los estudiantes han comprendido su poder, aunque también deben aprender a administrarlo mejor.
Cuando el diálogo se cierra de un solo lado, la negociación se vuelve un laberinto sin salida.
La BUAP vivió semanas de tensión no solo por la presión estudiantil, sino porque quienes encabezaban el movimiento tardaron demasiado en organizar sus exigencias, permitiendo que la incertidumbre creciera.
Mientras tanto, los antorchos —el grupo ligado a Antorcha Campesina— quedaron en el ojo del huracán.
Su papel dentro de la universidad quedó cuestionado y su futuro al interior de la institución sigue siendo una incógnita.
¿Se mantendrán en las sombras o su influencia finalmente será limitada?
Este regreso a clases no debe ser visto como una derrota ni victoria de ninguno de los lados.
¿Qué sigue? Es la gran pregunta.
La administración universitaria encabezada por la rectora Lilia Cedillo, realmente ha tomado nota y ahora deberá abrir canales de diálogo efectivos y permanentes.
No se trata sólo de apagar el fuego de una protesta, sino de evitar que nuevas injusticias lo reaviven.
La lección más grande aquí es que la educación no solo se aprende en los libros, sino en la acción y la participación.
El paro de la BUAP es ya un capítulo en la historia de la universidad.
Y será un parteaguas universitario.
Tiempo al tiempo.
La foto de agua
Luego de que vecinos cerraron la 11 Sur por falta de agua desde hace varios días en Agua Santa, finalmente salió de su caparazón Jordi Brosh.
Pero parece que sólo lo hizo para sacarse la foto con los vecinos enfadados por el mal servicio de la empresa que recientemente dirige, Agua de Puebla.
Ir a oír quejas no debería ser su chamba, evitarlas sí.
Pero la foto es primero.