El obispo Palafox y las imágenes religiosas le ganaron la batalla ideológica al ultra liberal texano Ignacio Zaragoza, que hace 151 años derrotó al Ejército francés de Napoleón III y a sus aliados conservadores.

Entre redobles de tambores, las bandas de música, marching band, anglicismo obligado, así se nombran, y carros alegóricos deslumbrantes bajo guión museográfico.

Para la zona VIP, templetes y canapés: empresarios, inversionistas alemanes, diputados y senadores sin pudor ideológico-levantadedos, y wannabe del “México optimista” o de la Puebla que, como Godot, aguarda porque “lo mejor está por venir”, burguesía familiar del hiato elitista.

Para la Puebla “de a pie”, algunas gradas y miles de sombrillas para pintar de azul y verde, colores del PAN y Panal, el recorrido del desfile.

Desfile esmerado. Coreografía cuidada. Revisionismo historiográfico.

Todo desfile es didáctica, vieja herencia republicana.

En el desfile cívico-militar se desdibujó a los liberales, herederos de la reforma, so pretexto de una escenificación histórica de Puebla.

El desfile del 5 de Mayo, pista de tres bandas: la cuidada exhibición cívico-militar reescribió la historia de Puebla; los desplantes del presidente de la República, Enrique Peña Nieto, para el gobernador, Rafael Moreno Valle, en su segunda visita a la entidad, verdadera guerra de clones; y la disputa electoral inundó las calles por donde pasó el desfile, miles de sombrillas azules y verdes, del Partido Acción Nacional y del Partido Nueva Alianza pintando el espacio público de propaganda, el mismo día que iniciaron de manera genérica las campañas electorales.

Tanto el presidente de la República (por más que se asoma para saludar de desde su camioneta sólo una mujer le grita, acomedida: “Viva Peña Nieto”, los testigos abundan ante la indiferencia) como las autoridades estatales, organizadoras del desfile del 5 de Mayo, deslavaron la conmemoración de la Batalla de Puebla del imaginario liberal.

En su discurso, Peña aludió a Zaragoza pero evitó mencionar a los hombres clave de la defensa de Puebla: desde el general Joaquín Colombres, encargado de la fortificación de la ciudad en 1862; el general tepeaquense Miguel Negrete, o los tres Juanes de la Sierra Norte, Juan C. Bonilla, Juan Francisco Lucas y Juan N. Méndez.

En términos claros, los conservadores le ganaron, en el primer desfile al que acudió el presidente de la República, la batalla ideológica a los conservadores.

El obispo Palafox y Mendoza desfiló en la conmemoración patriótica en la que se le rinde culto al imaginario liberal de Ignacio Zaragoza, bajo la excusa de la Biblioteca Palafoxiana, que acumuló las mejores obras de teología y filosofía escolástica de la época.

Para el terror de los liberales, entre el carro alegórico de la Puebla barroca “Tonatzintla” se presentó una procesión in situ de las imágenes dedicadas al Cristo Nazareno, Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción, la Dolorosa y el Sagrado Corazón.

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Una trampa para el antropólogo o el sociólogo de la Puebla postbarroca, ¿cómo definir el desfile? ¿Ejercicio de patriotismo hollywoodense? ¿Didáctica de la nueva historia neoliberal?

El fin de las ideologías une a los aparentes opuestos: gobernantes panistas y priistas hermanados en la contemplación del revisionismo histórico de talante religioso: el obispo Palafox y Mendoza, so excusa de la Biblioteca Palafoxiana, y una escena de una procesión religiosa en pleno desfile liberal, o por lo menos concebido como liberal hasta hace algunos años.

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Como colofón del morbo para la clase política local: Enrique Peña Nieto ninguneó, por segunda ocasión en menos de dos semanas, al gobernador Rafael Moreno Valle. Entre los generales Salvador Cienfuegos Zepeda, secretario de la defensa, y el almirante de la marina Francisco Soberón Sanz, el presidente se solazó a pesar del esfuerzo del aspirante presidencial de futurismo precoz, de sumarse a las conversaciones de presídium.


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El apunte
La otra competencia del desfile se suscitó en las calles.

Con el inicio de las campañas, miles de sombrillas del PAN y del Panal se repartieron a los asistentes al desfile. El desfile se asumió como un referéndum móvil y semicarnavalesco del gobierno actual.