Un equipo de científicos ha desarrollado el marcapasos más pequeño del mundo, un dispositivo de apenas 3.5 milímetros de largo que puede ser inyectado con una jeringa y controlado mediante luz.
Este innovador aparato, que se disuelve en el cuerpo tras cumplir su función, ha sido probado con éxito en animales y tejidos cardiacos humanos, según un estudio publicado en Nature.
El dispositivo no requiere intervención quirúrgica para su implantación o retiro, ya que se conecta de manera inalámbrica con un parche colocado en el pecho del paciente.
Funciona mediante una célula galvánica que utiliza fluidos corporales para generar impulsos eléctricos que regulan el ritmo cardiaco.
Se espera que en dos o tres años pueda ser probado en humanos, según John Rogers, investigador principal de la Universidad Northwestern. Su potencial incluye el tratamiento de bebés con malformaciones cardiacas y adultos recién operados del corazón.
Este avance en la medicina bioelectrónica podría revolucionar no solo la cardiología, sino también áreas como la regeneración nerviosa y la cicatrización de heridas.