Este mes de julio se cumplen dos años desde que el 14 de 2015 fueron detenidos Marco Antonio Estrada López y Tomás Méndez Lozano, director de la Policía Estatal y encargado del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) por proteger a pandillas dedicadas al robo de combustible en Puebla y que estaban bajo el mando de Facundo Rosas Rosas, secretario del ramo.

Hace dos años que este funcionario fue echado de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal, cuando ya su posición era insostenible frente a su patrón, el exgobernador Rafael Moreno Valle. La caída del exsecretario fue tardía, pues por esas fechas el mandatario vacacionaba, como es su costumbre cada verano.

A dos años de estos acontecimientos, Facundo Rosas fue detenido por un delito menor en la Ciudad de México, pero no juzgado por su omisión o complicidad luego de que sus subalternos directos en la línea de mando fueron capturados y sujetos a proceso.

Coincidencias que mueven a ironía. A dos años de estos acontecimientos observo la fotografía traída desde un paraje de Huehuetlán El Grande. Corresponde a la de un grupo de cuerpos sin vida, todos desnudos, en una montonera macabra que refleja los últimos instantes de la existencia de quienes antes fueron habitantes de esa demarcación.

El consenso en el equipo fue no publicar la imagen, por dura y desde luego por pudor frente al dolor ajeno, por tratarse de personas que apenas hace unas horas llevaron nombre, apellido y que dejan una estela de tristeza y miedo por un acto inenarrable que forma parte de la peor matanza registrada en los últimos años en Puebla. 

Muy probablemente no exista registro de un  acontecimiento similar en el territorio poblano, hoy comparable con las ejecuciones en sitios que parecían tan ajenos a nuestro bucólico terruño: Michoacán, Jalisco, Sinaloa; o Guerrero, Tamaulipas y Veracruz.

No hay forma de explicar la conducta del grupo criminal que entró el domingo casi a la media noche para ejecutar a los primeros cinco personas, tres de ellos de una sola familia: Evaristo Ramírez y su hijos, Ramiro y José Antonio Ramírez; a Merced Torres Ramos y al policía municipal, cuyo nombre no ha sido confirmado.

En la pila de cuerpos calcinados, Domingo Flores Díaz, Pablo de Santiago Ponce, Hugo de Santiago Pedraza, Abraham Flores Díaz y Luis Ponce de Santiago. Una mujer de nombre Adriana está desaparecida y presumiblemente está con vida, aunque nadie atina a confirmar nada.

Se ha dicho que el grupo delictivo y presunto responsable de la masacre es originario de Coatepec, por el rumbo de Zapotitlán de Méndez en la Sierra Norte poblana a unas cinco horas de camino, además se dedican al robo y secuestro, también está el robo de combustible a los ductos de Pemex. 

Es decir, la peor masacre de poblanos de que se tenga memoria  podría ser de la autoría de los grupos delictivos que hace dos años eran protegidos por mandos de Facundo Rosas, el hombre que hoy fue detenido por atropellar a una mujer de la tercera edad, por el que muy probablemente salga con el pago de una fianza.

Más ironía, imposible.