Como comisionado del Instituto Nacional de Migración, Ardelio Vargas Fosado consiguió lo que pocos servidores públicos en el mundo: una publicación periodística en Playboy, que se dedica a la retratar modelos para una revista cuyo tiraje en México alcanza 120 mil ejemplares.

Era agosto de 2017 y en Mérida, Yucatán irrumpieron agentes del INM para detener a tres modelos de la firma editorial de nombre Marie Bretheneux, de Francia; Luryn Elaine, de Estados Unidos; y Elif Celik, de Turquía, quienes después ofrecieron testimonios de la detención

Vargas Fosado no abona a un proyecto de pacificación, ni contribuye a la grandeza de Puebla como ahora clama Luis Miguel Barbosa; sino que polariza.

Fue él quien heredó en el área de Seguridad a Facundo Rosas Rosas quien a su vez abrió la puerta a mandos policiacos que fueron detenidos por fuerzas federales cuando protegían a huachicoleros y quien coordinó el operativo violento que terminó con la vida del niño José Luis Tehuatlie en Chalchihuapan, en julio de 2014.

Vargas Fosado solía decir que no eran tablas gimnásticas, a manera de coartada, las palizas que ordenó con los operativos de desalojo desde que fue nombrado por Rafael Moreno Valle como titular de la seguridad de los poblanos.

En realidad se trataba de un servidor de línea dura que no admitía protesta ni consigna callejera, pero daba manga ancha a sus subalternos para reprimir por la vía violenta a cuanto ciudadano se atravesara en el camino.

En Puebla hay múltiples testimonios de ello, pero más abundan cuando como Jefe del Estado Mayor de la Policía Federal Preventiva encabezó el operativo que derivó en la represión en Texcoco (Atenco) por la oposición al proyecto frustrado del aeropuerto internacional de la capital del país en tiempos de Vicente Fox en el gobierno federal y de Enrique Peña Nieto en el Estado de México.

El súper policía que la víspera levantó la mano de Barbosa Huerta en Huauchinango, no sólo no suma sino que resta.

Fue el primer secretario de Seguridad Pública de Moreno Valle, antítesis de la política que busca ofrecer el propio precandidato de Morena y encarna lo más condenable del ejercicio del poder según la 4T de Andrés Manuel López Obrador desde que anduvo en campaña.

El perfil represor no es es más grande que los negocios que hizo desde el Instituto Nacional de Migración: el coyotaje de cuello blanco para abrir las puertas del país a ciudadanos de Cuba con la patraña de que en empresas de México se requería la mano de obra de migrantes de ese país.

Lo hizo a través de familiares de segundo grado de lo que también sabe Lorenzo Rivera Sosa, el flamante aspirante a candidato del PRI, con despachos privados y así facilitar el ingreso de ciudadanos cubanos que más tarde terminarían por entrar a Estados Unidos.

Él y la parentela ganaron cantidades exhorbitantes de dinero al margen del sueldo de servidor público, detrás de una fachada legaloide.

El historial de Ardelio Vargas Fosado es grande y bochornoso. Es además el funcionario de Seguridad de dos mandatarios que claramente tienen el rechazo de la gente, mucha de la cual está en el Movimiento de Regeneración Nacional: Rafael Moreno Valle en Puebla y Enrique Peña Nieto, en la Presidencia.

Barbosa Huerta no está obligado a conocer trayectorias de quienes ahora se quieren subir a su tren, pero sí a tener un operador con la suficiente habilidad y conocimiento para dibujar escenarios de riesgo. Es lo mínimo que se espera de un político profesional.