Sé que a varios de mis amigos este comentario les caerá como patada de mula, pero es que a veces me es incomprensible la manera en que algunas personas defienden los “avances científicos”, cuando que hemos acabado con la vida, con el planeta, por ejemplo: No entiendo cómo es que gastamos millones de dólares para hacer un robot que tenga la capacidad de pensar como un ser humano, si tan solo utilizamos un 10, o un miserable 5 por ciento de la mente.

¿Por qué no gastamos esos millones de dólares en conocer el otro 90 o 95 por ciento de nuestro propio cerebro, al que ni siquiera sabemos cómo echar a andar?

¿Por qué en lugar de ir a “conquistar Marte” no limpiamos nuestro propio planeta?, ¿por qué no hacemos un esfuercito por razonar las tarugadas que hacemos con el poquito “coco”, que con dificultad, usamos?

¿Te imaginas lo que podríamos lograr si tan solo lográsemos echar a andar un 35 o 30 por ciento más de nuestro vapuleado cerebro? Quizá ya podríamos haber logrado la telepatía o la telekinesis o, a la mejor ya podríamos hacer nuestros “pininos” en el arte de compartir.

Lo curioso del caso es que esto que parece un “sueño guajiro”, lo habían empezado a vislumbrar y a practicar algunos monjes tibetanos allá por los cincuentas, antes de que los chinos los borraran del planeta, ¿Por qué?