Mañana se celebra un aniversario más, el 111, del grito que diera el cura Hidalgo y que marcó el inicio del proceso de independencia de nuestro país.

Somos una nación con unas riquezas incuestionables, tenemos diversidad de climas, gigantescas costas, una gastromonía histórica, una cultura milenaria, profunda y muy variopinta, presencia innegable en todos los ámbitos de las artes y muchas otras cosas que nos hacen un país profundamente rico en muchos aspectos.

Sin embargo, dentro de este México conviven muchos Méxicos diversos, dolorosamente desiguales y que marcan diferencias profundas en cómo percibimos en lo individual nuestra nacionalidad.

Porque no es el mismo México el de los Slim, Azcárraga, Bailleres, Larrea, Salinas Pliego, etc. que el de los Pérez, Sánchez, García, López y tantos otros apellidos que no gozamos ni de cerca de las fortunas de los primeros.

Porque la vida no es igual en San Pedro Garza García, Polanco o Lomas de Angelópolis que, en Acteal, Iztapalapa o Azumiatla.

¿Por cuál país brindaremos el 15? ¿Por el de miles de médicos, enfermeras y camilleros que se jugaron la vida combatiendo el Covid-19 con pocos recursos y apoyo? ¿O brindaremos por el país de la negligencia criminal y las decisiones absurdas y contradictorias de López Gatell?

Al agitar nuestra bandera, ¿estaremos pensando en el México solidario que cada desastre natural se vuelca a ayudar incondicionalmente al otro, al que menos tiene, al que salió más afectado? o pensaremos en el México de la corrupción, la impunidad, los Romero Deschamps, los Javier Duarte, los Padres o los hermanos del presidente recibiendo sobres con dinero.

Cuando gritemos ¡Viva! al escuchar el nombre de Josefa Ortiz de Domínguez, ¿estaremos vitoreando a los miles de mujeres mexicanas que construyen diariamente nuestro entorno, a las trabajadoras, a las empresarias, artistas, políticas, profesionistas y líderes de familia? O mejor guardaremos silencio por las mujeres que diariamente mueren por el sólo hecho de serlo o las que son acosadas sexualmente, laboralmente en medio de la impunidad y la indiferencia.

¿Viviremos la fiesta del 15 en paz, en nuestra casa, tranquilos y seguros? O en medio de balazos, secuestros, robos, asesinatos y seremos un número más en la gigantesca cifra de muertos de los últimos años.

Son sólo algunas muestras de que México no es el mismo para todos y las diferencias son cada día más profundas, lacerantes y notorias.

Todos podemos hacer algo, un poco, un extra para ayudar a construir un país más justo, más parejo, lo más parecido para todos. No es una tarea fácil y nos llevará muchos años, pero es un objetivo impostergable.

Festejemos la grandeza de México sin perder de vista lo mucho que falta por hacer y con la certeza de que todos somos parte de ese cambio.

Entonces, alcemos nuestro tequila, agitemos la bandera y gritemos a todo pulmón:

¡Viva México cabrones!