Quiubo, banda intolerante. Como ya se la saben, aquí les viene su héroe de barrio que les trae la información más certera del pancracio político de Puebla.

Así que agárrense, porque me les vengo. Y conste que no les aviso dos veces.

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Vaya novelón que se anda armando en los oscuros rincones de Morena Puebla, mis valedores, donde la disque llegada de Enrique Doger vino a levantar dudas entre propios y extraños.

Y es que pa’ nadie es un secreto que al Nachito Mier Velazco le urge comenzar a meterle punch a su imagen pa’ ver si se le hace el milagro de ser candidato pa’ la gubernatura del 2024.

Así ya lo dejó ver el flamante diputado federal por Morena, quien fiel al estilo prianista del pasado, anda echando rostro en cuanta revista política “le abre las puertas”.

Eso sí, con tal que la banda lo marque se echa todo un rosario de su vida, aunque entre líneas no oculte el trasfondo electoral que persigue.

Uniendo cabos, mis carnales, está bien cantadito el camino trazado por Nacho Mier, y cómo no, si en polaca no hay coincidencias.

No es de gratis que mientras Doger reaparece en el pancracio político camotero, el morenista acapara reflectores por la mentada Miscelánea Fiscal y hasta se da tiempo de andar de socialité.

Y como nadie sabe pa’ quién trabaja, el golden boy vinotinto, o sea Gabrielito Biestro, no supo ni cómo subirse al tren de Doger pa' gritar a los cuatro vientos que es un impresentable en Morena.

Me cae de madre que el Gabrielito es de a tiro una ternurita porque sigue creyendo que sus dichos harán eco más allá de su cuenta de Tuister, cuando de ni, ni no pasa: ni diputado, ni candidato, o sea, puro activista.

La Netflix la palabrería de Biestro no importa, pero sí es un termómetro pa’ conocer qué tanto movió Doger las aguas en Morena.

Ya encarrilados, mis carnales, ¿le convendrá a Nachito Mier andar jugando al filo de la navaja con entrevistas politiqueras que podrían interpretarse como actos anticipados de campaña?

No vaya a ser que termine de espaldas planas antes de tiempo y lo echen del cuadrilátero por brincarse al Tirantes.

Lo único que sí sabemos es que, como buenos siameses, lo junto va con pegado.