Los liderazgos de los grupos de poder han demostrado con creces no poder entender los cambios de paradigmas en el uso del poder.

Lo evidencian una y otra vez. Sobre todo cuando se trata de defender intereses de grupo, como es el caso de Juan Garzón, líder de la agrupación de tianguistas y ambulantes G-24 en San Martín Texmelucan.

La fama como eterno soñador que aspira a imponer su dominio total en todo el territorio que ocupa el tianguis le precede. Pero solo se ha quedado en eso, puros sueños.

Ha sido un desestabilizador y pertinaz autor de distintos bloqueos y desmanes en Texmelucan y en la capital de Puebla. Incapaz para negociar nada, acostumbra cerrar calles y llamar a manifestaciones callejeras para conseguir prebendas de espaldas a sus seguidores.

Conviene subrayar esa condición porque por primera vez en trienios, que han surgido de diversos partidos políticos, existe una verdadera intención de reordenar el primer cuadro bajo la premisa de ofrecer mejoras para los habitantes de esa ciudad.

En las últimas semanas la Secretaría General de Gobierno del Estado de Puebla y las autoridades del gobierno de la presidenta municipal, Norma Layón han trabajado en el primer cuadro de Texmelucan con el beneplácito general, salvo el de Garzón que vela por intereses económicos.

Especialistas en materia de Protección Civil observan en la conducta del dirigente de ambulantes un riesgo para la estabilidad ciudadana. Al oponerse al reordenamiento de ambulantes impide el trazo de rutas de evaluación ante emergencias colectivas. Por sobre ese interés general ha de prevalecer el económico de Garzón.

Nada ha dicho de esa premisa a sus seguidores. Para eso han realizado diversas mesas de diálogo en Casa Aguayo. Sin embargo nada vale para Garzón.

Moneda de cambio, ha manejado a sus seguidores para ejercer presión y frenar una iniciativa gubernamental que se ha trazado ordenar y evitar correr riesgos de tragedia. Para el líder lo que vale y deja son los espacios que en la vía pública; llenar sus bolsillos es la prioridad.

Por eso anunció en las últimas horas, desde el Hotel Royalty que si no logra espacios en la vía pública, comenzará con los instrumentos de presión en Puebla y Texmelucan: manifestaciones callejeras y bloqueos. Las costumbres de siempre ante retos nuevos.