Que buen detalle al regresar los festejos taurinos en Ávila, con ellos y los muy finos toreros regresan las buenas costumbres. Costumbre que por aquí se ve poco, o casi no se ve; cuando el público asistente quiere mostrar su desacuerdo con los trofeos otorgados, el trapío de los toros o la actitud del torero. Puestos de pie, muestran de manera enérgica su descontento, sacando su billete de entrada y lo sacuden frente a la autoridad o el torero. Expresión que dice: “Yo he pagado por esto”. Ahí en Ávila, al salir a saludar al tercio, con la oreja del cuarto en mano el Matador Juan Serrano “Finito”, un aficionado, de pie, mostrando su boleto a la vez gritaba: “Yo he pagado mi entrada”. A lo que el Fino de Córdoba, ha pedido a su mozo de estoques un billete y lo entregó al espectador. Vemos en la foto al fino “Finito”, pensativo, meditando a la sombra de un árbol en un parque de su natal Córdoba. Sin duda alguna, han terminado los tiempos de sacar las tripas para salir en la foto.

Van foto y texto ya publicados, pero bien vale, ahondar un poco en el tema, más con el inquieto desconcierto reciente de ajustar o actualizar los Reglamentos Taurinos; la propuesta de hacer pruebas con nuevas puyas, de hecho ya en uso en las plazas de Francia. Ahora, en esta Nota aclaratoria insistimos en el muy poco sangrado que se produce en el Toro cuando se usan las Puyas correctas, no se recarga con todo el peso del picador en su montura de guerra blindada. Todo esto para cumplir la orden que muchas veces reciben los del castoreño. Orden muy clara y precisa y a eso salen, a partirle su madre a don Toro. Para colmo, abusan de la marrullería de tapar la salida al toro con el acorazado que montan. Esa es la razón de publicar nuevamente la foto e insistir en la edad del colorado y el muy poco sangrado de los Puyazos que recibió, que son, deben de ser únicamente para probar su bravura y repetición al castigo de prueba, NO de destrucción.

Con una fuerza y potencia, equivalente a 4 000 kilos de energía, verdadero proyectil, que en caso de ocurrir la cornada ocasiona destrozos similares a un disparo de cañón. (Foto del Professor Arjona, publicada en #deltoro) Auténtico pánico ocasiona al salir de toriles un verdadero toro, cosa – espectacular – que sí suele verse en las plazas. Es entonces cuando surge la orden al inicio de la suerte de varas, orden de voz del apoderado que mucho cuida a su torero, o muchas veces éste mismo es quien ordena: ¡pártele su madre! Y, él del Puyazo que bien experimenta la sensación de miedo que predomina; pues duro a cargar todo el peso del cuerpo, generalmente muy voluminoso, bien totopeado y parado sobre los estribos, duro sobre la vara de la puya, hasta darse cuenta que la fuerza, condiciones del burel se ven disminuidas. Lo que más desesperante resulta de esto es ver 4 años de esfuerzo en selección, cuidado, alimentación, nutrición por parte de los criadores, para que en unos cuantos segundos, tal como se dio la orden desde el callejón, el Toro se derrumbe y con él; la fiesta.

Nos despedimos con letras de Gustavo Adolfo Bécquer. 1968: “Por los tenebrosos riñones de mi cerebro, acurrucados y desnudos duermen los extravagantes hijos de mi fantasía, esperando en silencio que el arte los vista de la palabra, para poderse presentar decentes en la escena del mundo”, “pero ¡Ay! Que entre el mundo de la idea y la forma existe un abismo, que sólo puede salvar la palabra; y la palabra; tímida y perezosa, ¡Se niega a secundar sus esfuerzos!”.